Feliciano Palma y su fraude con Lozapenco en los ochenta
“La gran estafa” chilena
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Plantel de Deportes Lozapenco. |
No tiene la pinta de George Clooney, pero las pillerías de este ingeniero comercial de origen español le valieron el deshonroso título del estafador más grande en la historia de Chile. Su fábrica de sanitarios generó un increíble crecimiento en la pequeña localidad de Penco y a su equipo. Cuando el fraude fue descubierto, todo se vino abajo.
“El Bio Bio la lleva.....tiene la mayor tasa de desempleo del país”. Ironías como esa ocupan los medios de la región para describir la situación de su gente, cada vez que se difunden los números del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Penco no es la excepción, pero si lo fue durante la época de la empresa Lozapenco, a principios de los años ochenta, cuanto el entonces reputado empresario Feliciano Palma se hizo cargo de la empresa.
En ese período, la ciudad alcanzó un impresionante auge, no para ser considerada como ciudad del Primer Mundo, pero había eso que tanto escasea ahora en la Región del Bio Bio: Empleo. Fue además el periodo de esplendor del balneario de Penco, en el que existe el único testimonio del Concepción Colonial.
Era la época en que la otrora pequeña comuna se llenaba de hoteles, restaurantes y los trabajadores eran además conminados a ser hinchas del orgullo de la ciudad: el equipo de fútbol.
El boom de Lozapenco
La tranquila localidad de Penco sufrió en los ochenta uno de los mayores remezones de su historia. No fue esta vez un gran terremoto, como sí había ocurrido al pueblo en el siglo XVIII, con un posterior tsunami, que destruyó lo que fuera Concepción en ese entonces. Si no que este nuevo acontecimiento tenía nombre y apellido: Feliciano Palma Matus, chileno, ingeniero comercial, formado en la Universidad de Concepción, fue el hombre que llegó a cambiar la historia de la localidad de Penco, cuando se decidió a adquirir, en 1982, a una quebrada empresa de productos sanitarios, Fanaloza, cuya única virtud era dar algunas plazas de trabajo en el pobre pueblo.
Palma tenía un gran talento para los negocios y logró reflotar a la alicaída empresa. La sacó adelante, dando muy buenos sueldos a sus 3.000 empleados. Se preocupó de dar bienestar y satisfacciones a la comunidad. Rebautizó a la fábrica como Lozapenco y con sus logros y buena disposición con la comunidad, consiguió convencerla de que él era su salvador: el progreso llegaba a Penco para no irse jamás.
Hasta con equipo de fútbol
Como nunca antes, Penco vivía su mejor momento. Y tanto fue el bienestar material de sus habitantes y la pujanza de esta localidad bajo el alero de la fábrica de sanitarios, que Feliciano Palma decidió hacerse cargo del equipo de fútbol Deportes Lozapenco.
En medio de la resaca del año nuevo, el acta de fundación indica que Deportes Lozapenco tiene como fecha de nacimiento el 1 de enero de 1983. Su historia futbolística indica que en 1986 se titularon campeones de la Asociación de Fútbol de Penco.
El año 1988 fue decisivo para el equipo. Fue el momento en que Palma tomó su control. Y dinero no faltaba, pues al mecenazgo del ingeniero, logró convertir en socios a todos los trabajadores de la planta y la cuota les fue descontada por planilla. De esta forma, Deportes Lozapenco tenía financiamiento asegurado.
Palma no quería un equipo de fútbol que marcara el paso. Por eso, decidió ingresar a la competencia de Tercera División ese mismo año. Y no sólo eso. Sus jugadores tenían que ser reconocidos, porque el objetivo era llegar al profesionalismo.
Para una categoría amateur, la calidad de sus jugadores era muy alta. Se trataba de jugadores pretendidos por equipos de Primera División, pero que ante los tentadores sueldos - con premios atractivos y verdaderos lujos orientales para la realidad del fútbol chileno- se decidieron por defender a Deportes Lozapenco.
El listado de jugadores que vistieron la camiseta azul del cuadro y que tuvieron un renombre en el fútbol chileno es amplio. Entre ellos destacan el ex seleccionado chileno Mario Soto, el arquero Marcelo Reyes, el mediocampista Jorge Pérez, el goleador Patricio Bonhomme, Luis “Pelé” Araya, el goleador Wilson Fre y el juvenil de Unión Española y posterior jugador de Vélez Sarsfield de Argentina, José Luis Sánchez, entre otros.
"Recuerdo que si nos tocaba jugar en Villa Alemana, viajábamos dos días antes a la V Región y alojábamos en el Hotel O'Higgins de Viña del Mar, hasta la noche previa al partido”, señaló Rodolfo Dubó a The Moroso, por ese entonces patrón del mediocampo en Deportes Lozapenco.
El “Matador” Sánchez cuenta una anécdota, que refleja lo generoso del presupuesto de Palma. “Él me dijo ‘José Luis... ¿Cuánto quieres ganar?’ a lo que le respondí ‘Bueno, yo en Unión Española ganaba 100 mil como juvenil... Si usted me diera 200 mil, vengo encantado’. Sin mayor problema, sacó la propuesta de contrato, que establecía un sueldo de 300 mil pesos”. Salvo en una liga árabe, ver eso es muy improbable en estos días.
Un buen equipo tenía que tener un buen entrenador. Por ello, Palma no tuvo mayores objeciones para meter su mano al bolsillo y contratar nada más ni nada menos que a Luis Santibáñez, ex entrenador de la Selección Chilena. La tarea de “Locutín” era asesorar técnicamente por un mes al club, cuyo entrenador era Alex Veloso.
"Palma se comportó siempre como un caballero. Nos llenaba de regalos, nos atendía muy bien y entiendo que quedó un poco sentido conmigo cuando terminé la asesoría. Recuerdo que varias veces me ofreció igualar el dinero que recibiría en México, pero para mí estaban en juego otros factores de tipo profesional, que no me tuvieron allí por más tiempo. De fútbol él no sabía nada. Sólo se preocupó de entregarnos las comodidades para trabajar. Hasta teníamos una van disponible para ir a todas partes", comentó Luis Santibáñez.
Con esta calidad de jugadores y despliegue técnico, en 1989 se titularon campeones de la Tercera División, con apenas una derrota en todo el año. Esa temporada, el equipo hacía en bus todos sus desplazamientos para jugar como visitante. Se alojaban en hoteles y se disponía de trenes especiales, con el fin de que la hinchada acudiera en masa a los duelos como forastero. Además, los jugadores recibían suculentos premios semanales.
El Estadio Municipal de Penco, donde hacía de local Deportes Lozapenco, cada jornada se llenaba hasta las banderas, promediando 12 mil personas por cada partido. Una cifra que cualquier equipo en el profesionalismo la quisiera.
Era un panorama muy alentador y de bonanzas, que terminó con el equipo en Segunda División. Sin embargo, poco tiempo pasó en el profesionalismo cuando comienza la debacle. El protagonista: Feliciano Palma. Tras la quiebra de la empresa, se descubre el fraude tributario más grande de la historia
La verdadera cara del mecenas
Todo marchaba bien para Penco, pero realmente, en paralelo a su imagen de “salvador” de la comuna, Palma realizaba movimientos económicos ilegales, que finalmente harían caer el sueño de desarrollo pencón y, peor aún, dejaría al pueblo en el total descalabro económico y con su “mecenas” fuera del país.
Palma fue descubierto por su estafa, engañando a los compradores de Lozapenco, cuando haciéndoles creer en la existencia de algo que en realidad no existía. El fraude comenzó cuando el ingeniero comercial se decidió por exportar hacia Estados Unidos los cotizados productos de Lozapenco. El engaño se basaba en que Palma creó una nueva empresa, que compraba los productos de Lozapenco por un valor mucho mayor, casi nueve veces mayor a lo que realmente costaban. Además anulaba las ventas para no pagar impuestos y así reportar una doble facturación: una real, que acompañaba las exportaciones a Estados Unidos y otra "negra", con los valores abultados que se presentaba a Impuestos Internos para recuperar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) a la exportación, apropiándose, nada menos, que de 46 millones de dólares.
Dentro del anecdotario de las “fechorías” de Palma, se encuentran las “ventas” al exterior de diversos y extraños productos, como palos de escoba, desechos de madera e incluso piedras, lo que le permitía recuperar hasta el IVA, e incluso le pedía al fisco el 10% de reintegro, que se entrega por impulsar exportaciones no-tradicionales. Un negocio “redondo”, como se dice.
Pero el “paraíso financiero” de Palma no fue para siempre. Llegó su día más funesto el 12 de abril de 1990, cuando descubren su fraude. Seis días más tarde huye a Argentina y luego a Estados Unidos, aprovechando que no había arraigo en su contra. Igualmente, Palma fue descubierto y capturado por efectivos del FBI en Nueva York, en 1991, donde ya se había vuelto a casar. El estafador seguía con sus andanzas y empezó a hacer negocios con 11 millones de dólares que se llevó de Chile. Fue condenado a 11 años de cárcel en julio de ese año, pero cuando ya casi cumplía su octavo año, en enero de 1999, y teniendo beneficio de libertad diurna, pues era considerado un reo ejemplar, fue descubierto de nuevo, pues su naturaleza del “pillaje” lo vuelve a traicionar; todo por una pequeña suma, comparada con sus fraudes anteriores, de dos millones de pesos, cuando de nuevo hizo uso de sus conocimientos económicos y de los “vacíos” del sistema: pretendió estafar al banco Citibank con el cobro de un cheque perteneciente a una cuenta inmovilizada, previamente detectada tras un rastreo en distintos registros.
Esa es la historia sin fin de los fraudes de Feliciano Palma, quien hoy no puede tener bienes, ni cuentas de banco o tarjetas y que luego de cuatro detenciones por intentos de estafa, hoy camina libre por las calles.
Lozapenco después de la estafa
La quiebra de Lozapenco frenó de forma brusca el crecimiento económico del pueblo. Al caer el empleo, cayó el consumo y por ende las inversiones, especialmente las de tipo inmobiliario e industrial. La falta de ésta cayó principalmente sobre el balneario, que antaño se soñaba lleno de hoteles y restaurantes, provocando el descuido en el período posterior. En la actualidad, la construcción eternamente inconclusa de un hotel frente a la playa, al lado de la estación de ferrocarriles, ha comenzado su demolición para dar lugar a la construcción de un edificio de departamentos.
El otrora gran estadio de Lozapenco, hoy es un acumuladero de óxido. El equipo que manejaba Palma se mantuvo en la B hasta 1991, año del descenso a Tercera División. En esa categoría estuvieron hasta 1993 y en 1994 los nuevos dueños de Lozapenco, Fanaloza, decidieron eliminar los gastos innecesarios, siendo Deportes Lozapenco uno de ellos. Hoy se juegan solamente partidos a nivel amateur en la zona.
Penco tiene actualmente una de las tasas de desempleo más altas del país: 16%, aunque cifras no oficiales la dejan sobre el veinte, concentrándose sus principales actividades en el mar a través del puerto, la pesca artesanal y la actividad gastronómica del tradicional Barrio Chino. Aunque el mensaje oficial es el de recuperación económica y de avance, gracias a la gestión de su alcalde Guillermo Cáceres, las secuelas de la crisis permanecen. Por ejemplo está la inseguridad, ya que el 80% de la población cree que va a ser víctima de un delito en los próximos doce meses. Es el llamado “fantasma” de Lozapenco. Y a eso agreguemos el delicado momento de la pesca artesanal.
Como anécdota, se puede contar que no es primera vez que ocurre lo mismo con Penco. A comienzos del siglo XX, el pueblo vivía de una refinería del azúcar que se producía en Viña del Mar. La muerte de la refinería de Azúcar de Penco como la de Viña del Mar se debió a la producción, a partir de un nuevo insumo que era posible producirlo en suelo nacional: la remolacha, que dio paso al nacimiento de la empresa estatal Iansa, a la caída de los precios internacionales del azúcar y a inversiones poco afortunadas. Ahí también el desempleo asechó fuerte.
La causa de esto es que los trabajadores nunca tienen una reconversión o una capacitación, y aquello provoca un fenómeno que hoy se está sintiendo más fuerte: en el caso de los 90`, como se acabó el trabajo en la loza, mucha gente tuvo que buscar trabajo en otro lugar, dejando familias abandonadas, mujeres abandonadas y madres solteras, que hoy son la gran preocupación de la comuna en el aspecto social.
Sin embargo, durante el periodo posterior, la comuna ha registrado el avance y desarrollo social al igual que el resto de Chile. Durante los 90` se logró la materialización de importantes obras, tales como el emisario submarino, la ampliación de los servicios de agua potable y alcantarillado, la construcción de un gran número de viviendas básicas, la construcción de escuelas y postas de salud y la pavimentación de calles.
A pesar de ello, la gente y la clase política en tiempo de elecciones siguen hablando del estancamiento en que yace la comuna, debido a los problemas antes mencionados.