Bienes, servicios y comercio en fiestas patrias
La economía dieciochera
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Miles de personas asisten a las fondas en todo el país. Ahí consumen productos que su demanda explota en septiembre y se olvidan hasta el próximo año
Fuente: origamichile.cl |
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Todos los años, detrás de las celebraciones, nace una industria que se nutre solamente de unos pocos días. Fondas, volantines y otros productos son preparados sólo para ser consumidos en fiestas patrias. Aquí conoceremos cómo funciona el negocio para algunos de ellos.
Lunes 4 de septiembre. Las radios comienzan a tocar cuecas, las panaderías y locales sacan el mismo cartel de empanadas del año anterior. En vez de golosinas, las esquinas se llenan de vendedores de banderitas para el auto. Las botillerías anuncian que llegó la chicha y en las plazas se ven los primeros volantines. Surge la “Economía Dieciochera”. Un período económico especial, único, donde se comercian productos creados sólo para satisfacer nuestro espíritu patriótico. Bienes que son requeridos como nunca en este mes, para luego ser olvidados en el próximo. Comienza el primer lunes de septiembre, vive su apogeo entre el 15 y el 19, para luego desaparecer el último viernes de ese mismo mes.
Volantín chupete, Pavos y Ñeclas
César Gutiérrez es quizás el principal responsable de que nuestros recuerdos dieciocheros tengan forma de volantín chupete. Es artesano volantinero del club Alfiles, uno de los más importantes de Chile. Lleva 30 años el oficio y desde hace cuatro transformó su hobby en una empresa volantinera a la que le dedica todo su tiempo y que en el año también exporta productos a Brasil, India y Europa.
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Según César Gutiérrez, la temporada de volantines comienza en julio, pero explota y muere en septiembre, con las fiestas patrias
Fuente: Juan Navarro |
Por eso responde como empresario cuando le preguntamos sobre cómo se venden los volantines en septiembre: “En rigor, la temporada de volantines comienza en junio, pero en la primera quincena de septiembre las ventas aumentan cerca de 500 por ciento. Después de las fiestas patrias, el negocio vive con la venta de los saldos hasta fin de mes. Y de ahí hasta el próximo año”
Una de las variables el mercado es que está cubierto por pocos agentes. Entonces, la producción se hace a gran escala. César Gutiérrez y sus 15 empleados se demoran cerca de tres meses para fabricar los 20 mil volantines que cubren la temporada dieciochera. A su casa-taller de La Florida llegan comerciantes de todo el país. “Un sesenta por ciento de mis ventas son al por mayor y un cuarenta son al detalle”, cuenta. Desde aquí salen la mayoría de los volantines que se encumbran en fiestas patrias. “Los volantines aún se hacen a mano. Los que han ido cambiando son algunos materiales, como las varillas que ahora son de bambú chino o fibra de vidrio importado desde Brasil”
“Este ha sido un año especialmente bueno”, dice Gutiérrez. Si los volantines se venden en promedio a 200 pesos, se podría pensar que no se reúnen grandes ganancias. Pero no. Gutiérrez invierte cerca de 5 millones de pesos entre volantines, hilo y carretes para cubrir la temporada dieciochera, lo que le reporta cerca de 25 millones de pesos. “Sí, es buen negocio” - dice- “pero siempre recuerdo que yo llegué aquí porque amo el volantín más que nada”.
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En septiembre, Berta Brito se transforma en La Grandiosa Bertita, la dueña y señora de las fondas del Parque O’Higgins
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La ingeniera en fondas
Si bien la temporada dieciochera comienza a principios de septiembre, hasta mitad de ese mes Berta Brito no ve ni un veinte en ganancias. El período de fondas comprende entre el 15 y 19 de septiembre. En esos cinco días, Berta se transforma en “La Grandiosa Bertita”, dueña de la fonda oficial de Santiago. Un prestigio ganado con 48 años trabajando para las fiestas patrias en el Parque O’híggins. “Soy una Ingeniera en fondas, la única de Chile”, dice Bertita haciendo valer su experiencia.
La Grandiosa Bertita dice que instala su famosa fonda más que nada por amor. “Yo no vivo de las fondas, tengo un par de restaurantes en Lo Valledor, pero amo las fiestas parias”. Por eso las prepara desde mucho antes que los demás fonderos del Parque O’higgins.
Todo comienza en agosto con el remate de terrenos manejado por la Municipalidad de Santiago. Esta es la inversión más fuerte de la fonda: 4.300 metros cuadrados de terreno que este año, según ella, le costaron 6 millones de pesos. Lo que viene después es la carne, personal y los demás productos que elevan la inversión a “cerca de 10 millones de pesos”. Así, con 300 empleados y un mes de anticipación, comienzan a montar la fonda que tendrá espacio para recibir a 3 mil personas que rotarán en los cinco días de fiestas. Aquí se sirven parrilladas, anticuchos y empanadas, además de chicha, bebidas y pisco. Se puede bailar con conjunto folklórico y la orquesta de cumbias.
Pero con el tiempo las fondas han ido abaratando costos: “Por ejemplo, las sillas y mesas antes se arrendaban y ahora las traen los auspiciadores. También pasa eso con los coolers y el escenario”.
Al fin de las fondas, llegan las ganancias. Aquí es donde Bertita establece un mito, ya que con tal nivel de inversión y ventas, siempre dice que se gana poco. “No es tan buen negocio, ganamos como dos millones en general”, dice. Pero el monto de las reales ganancias de una siempre serán un misterio.
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| Luisa vende el pabellón nacional en medio de la ciudad, tiene para la casa y para los autos
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Mi banderita chilena
En los autos por gusto y en las casas por ley, septiembre es el momento donde se lucen las banderas chilenas. De distintos tamaños, son un chiche dieciochero que se vende en casi todas las esquinas. En una de ellas trabaja la señora Luisa, quien lleva 10 años en este negocio.
Junto a su hijo Alexis, Luisa ofrece banderas y mástiles para las casas. Y para los autos, las inolvidables banderitas dobles. Esas que junto al emblema nacional le acompaña la del equipo de fútbol preferido.
“Compramos las banderas en una fábrica. Pero también tenemos productos que trabajamos. Como unas banderas de auto que les mandamos a poner remaches para que tengan un mástil”
La temporada de las banderitas es inusual en las fiestas patrias. “Nosotros comenzamos a principios de septiembre y terminamos el 17, simplemente porque nadie compra estos bienes en pleno dieciocho, menos después”, dice Luisa.
La inversión de este negocio no es alta, los retornos sí. Luisa cuenta que el negocio funciona con una primera compra a las fábricas de cerca de 100 mil pesos, que luego se van reinvirtiendo en más banderas conforme vayan vendiendo. Así se controla de mejor forma el riesgo, sobre todo cuando se ponen sumas significativas para los comerciantes callejeros. “Estamos poniendo la plata del colegio de mi hijo chico, esperamos ganar más de trescientos para poder pagar el colegio, parar la olla y celebrar un poquito”, dice Luisa, esperanzada en este nuevo período dieciochero.
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Los grupos folklóricos se copan de trabajo en septiembre y aprovechan para aumentar sus ingresos
Fuente: thedoxa.com |
Cuecas millonarias
Son muy pocos los que bailan cueca en un mes que no sea septiembre. Y los que lo hacen generalmente integran un ballet o un grupo folklórico, que en este mes aumentan su demanda fuertemente por los distintos eventos y celebraciones. Así, se abre el marcado a varios grupos que no viven principalmente de la música, pero donde la pasión y la calidad es la misma que los otros.
En la comuna de Huechuraba, Estampa Campesina uno de los conjuntos regalones de los eventos municipales. También es de los que durante el año participan en espectáculos gratuitos y a beneficio. Son 27 integrantes entre músicos y ballet.
Uno de sus miembros principales, Fernando Núñez, cuenta que sobre precios es difícil hablar con ellos, porque todo depende qué es lo que quiere y quién o pide. “Es diferente, por ejemplo, un esquinazo con una pareja y música envasada que una presentación completa en un hotel. Eso sí, más barato si disponen de amplificación, traslado y comida para nosotros.”
Como son un conjunto semiprofesional, a una empresa - por ejemplo- en septiembre le cuesta 350 mil pesos una función de dos horas con diez bailarines y música en vivo. “Un precio más que justo para el nivel de preparación previo de este grupo”, dice Núñez.
Si bien el interés principal del conjunto es mantener las tradiciones folklóricas, el grupo se guarda septiembre para ganar dinero y reinvertirlo. “Con la plata que ganamos en los eventos de septiembre vamos a comprar vestuario y montar un nuevo cuadro chilote”, cuenta.
La economía dieciochera es un momento especial en la economía chilena. Más que por elevar las cifras de gasto o de consumo de bienes, por el tipo de bienes que se consumen. Productos y servicios que no se repiten a tal nivel, por lo menos hasta el próximo año.