Portada
Nacional
Internacional
Medioambiente
Microempresa
Internet
Barrios
Historia
Consumidores
Laboral
Entrevista
 
Glosario
Equipo
Enlaces
Contacto
Otros Números
 
Por: Macarena Peña y Lillo A.

El empleo en la construcción

Manos a la obra

Manos a la obra
La construcción es una de las principales generadoras de empleo. Actualmente hay más de medio millón de personas trabajando en este sector de la economía

Fuente: momarandu

Enfierradores, albañiles, carpinteros… son cientos los puestos de trabajo que un proyecto inmobiliario crea.

The Moroso se adentró en una construcción y a continuación le presenta cómo funciona una faena por dentro.

El año pasado marcó el repunte de la construcción en Chile. La proliferación de edificios y casas en variados puntos de la capital se hizo evidente.

Las comunas de Santiago Centro, Ñuñoa, Providencia y San Miguel, fueron protagonistas de esta verdadera revolución inmobiliaria, que llevó al sector a crecer por sobre el ocho por ciento, según la Cámara Chilena de la Construcción (CChC).

Basta una mirada panorámica por dichos lugares de Santiago para evidenciar cómo nace un edificio al lado del otro. Las grúas pluma se apoderan del paisaje y los letreros de “Visite Piloto” abundan por doquier.

Pero más allá de ampliar la oferta inmobiliaria y ofrecer una amplia gama de opciones para quienes buscan la casa propia, el auge de la construcción acarrea consigo un importante elemento: el empleo en los sectores más bajos de la población.

A pesar de que a fines del año pasado el número de puestos de trabajo en obra disminuyó en relación a lo que había a comienzos de 2005, este año la empleabilidad en construcción ha vuelto a aumentar.

Según publica la CChC en su informe de Macroeconomía y Construcción número 16, de julio de 2006, “en los últimos meses la generación de empleos en el sector ha vuelto a tomar dinamismo, de modo tal que el número de trabajadores ocupados en el sector sobrepasó el medio illón de personas”.

La mayor parte de ese medio millón de puestos de trabajo está directamente relacionado con las faenas, pero, ¿quiénes son los que cumplen jornada en las nuevas moles hormigonadas de Santiago?

Manos a la obra
El edificio ”Adriana Bolland”, de 13 pisos y 108 departamentos, es la primera construcción en altura de la comuna de La Cisterna

Fuente: Pabellón de la Construcción

Dentro de “la contru”

El edificio “Adriana Bolland” se comenzó a construir en octubre del año pasado en la calle Madame Bolland, a la altura del paradero 24 de Gran Avenida, frente a la Municipalidad de La Cisterna.

Hasta hace unos años el plano regulador de la comuna no permitía la edificación de más de 4 pisos, debido a la proximidad de la Base Aérea de El Bosque. Sin embargo, la vertiginosidad del mercado inmobiliario obligó a modificar este designio y desde hace poco menos de un año se permite la construcción de mayor altura en ciertos sectores.

El edificio de 13 pisos y 108 departamentos a la venta, cuyo nombre recuerda a la primera aviadora en atravesar la Cordillera de Los Andes desde Mendoza hasta Santiago en un biplano Caudrón, es el primero en su tipo en construirse en el sector sur de la Capital.

La edificación del proyecto está a cargo de la empresa constructora ECMOS, que lleva casi 20 años construyendo en San Miguel y ahora último en La Cisterna.

Lo primero que se realiza en cualquier construcción es la instalación de faena. Para eso, explica Rigoberto Riquelme, capataz de la obra del edificio “Adriana Bolland”, se requieren entre tres y cuatro carpinteros que se encargan de armar las oficinas, los recintos para que se ubiquen los trabajadores que llegarán a la obra, los baños, comedores, oficinas, etc. Ese proceso dura entre una y dos semanas.

Una vez instaladas las faenas comienza el proceso de mediciones y excavaciones. Rigoberto Riquelme lleva 30 años trabajando en construcción y recuerda que antaño el proceso de excavación era el que más personal necesitaba, sin embargo, ahora, con la cantidad de maquinaria que se encarga de esas labores, los puestos de trabajo en esta etapa se han reducido de unas varias decenas a sólo dos o tres operarios. “La maquinaria te come mucha mano de obra”, sintetiza don Rigo, como lo conocen los maestros en la construcción.

Cuando está lista la perforación necesaria para cimentar el edificio, comienzan a construirse los pisos. Los primeros son los subterráneos, donde se ubican los estacionamientos y bodegas.

Posteriormente vienen las elevaciones y el hormigonado, es decir, la instalación de lo que serán los muros estructurales de la construcción, compuestos por acero y concreto. “Aquí es donde tira pa’ arriba el edificio”, dice Rigo.

Es precisamente en esta etapa es donde se requieren más hombres trabajando. “Acá llegan los enfierradores, que son como cinco en este edificio; los carpinteros, que se encargan de los moldajes en madera y que son aproximadamente diez, y los jornales”.

Los jornales son el grueso de la mano de obra del edificio. Son aquellos obreros sin especialización que se encargan principalmente de los trabajos más pesados. Hacen de todo un poco, “son como el mentolátum de la obra”, sintetiza el capataz.

Actualmente hay más de 140 personas trabajando en la obra del edificio de Madame Bolland. De ellos, cerca de 90 están avocados a la construcción misma del edificio, es decir, tienen sus manos directamente en la obra.

No obstante, y considerando que se acaba de terminar la obra gruesa del edificio, la planta de los obreros se reducirá de 90 a unas 60 personas, ya que, la mayor parte del trabajo duro está hecha.

“Ahora llega la gente de los subcontratos: los tabiqueros – que instalan las divisiones interiores de los departamentos-, los gásfiter, los eléctricos, los cerrajeros, los yeseros y los del aluminio (los que instalan las ventanas)”, cuenta don Rigo, que a la vez aclara que tanto los gásfiter como los eléctricos están presentes durante toda la construcción, pues tienen que velar por que las instalaciones queden bien desde el comienzo.

Manos a la obra
Más de 140 personas trabajan en este edificio, pero una vez que se termina la obra gruesa, son muchos los que pierden su puesto de trabajo

Foto: The Moroso

Trabajo de hombres

El contrato de Rigoberto Riquelme dice bodeguero, sin embargo, su labor actual es la de supervisar las terminaciones que se están realizando en el edificio. Ya que la obra gruesa está finalizando, él se encarga de coordinar el grupo que trabaja en darle forma a los departamentos: los que instalan las cerámicas, los pisos flotantes, los pintores, los papeleros, los alfombreros, entre otros.

Desde un taller de tapicería, a los 29 años llegó a la construcción, donde se inicio, como todos, de jornal. Rigo, un hombre de baja estatura, muy delgado y bueno para fumar, recuerda que en esos años, al igual que ahora, el trabajo del jornal era el que más esfuerzo físico demandaba. “Te mandan a hacer una excavación, acarrear material, tienes que transportar materiales al hombro”, cuenta.

Es un trabajo agotador, pero que da la posibilidad de encontrar un área de especialización, como la carpintería o la albañilería. Además, si cuentan con la confianza de los jefes, es posible que los trasladen a un puesto menos agotador, como de portero o bodeguero, tal como en el caso de Rigo.

Pero hay quienes se quedan como jornales porque “prefieren el trabajo bruto”, dice el capataz. Actualmente, un jornal de esta empresa recibe un sueldo cercano a los 220 mil pesos.

Las jornadas de trabajo en la construcción son extensas. “Entramos a las ocho de la mañana, pero nunca sabemos a qué hora vamos a salir”, dice Rigo. En teoría, el horario de salida es a las 17:45, de hecho, es a esa hora cuando suena la campana, pero son pocos los que se van efectivamente cuando indica la señal.

Esto, en parte debido a la forma de trabajo que hay en la obra. “Si llega un camión con hormigón a las 5 y media, te tienes que quedar a vaciar el camión, aunque sean las ocho de la noche”, señala Riquelme. Pero además, cuenta, son varios los que acceden a quedarse hasta más tarde porque así pueden incrementar su sueldo cobrando las horas extra, lo mismo con aquellos que trabajan la mañana de los sábados.

Pero además de las largas jornadas y del esfuerzo físico que requiere el trabajo, los riesgos de accidentes están a la orden del día. Rigo cuenta que semanalmente hay entre dos y tres incidentes riesgosos como promedio, aunque no de tanta gravedad. De hecho, a la entrada de la obra hay un letrero de la Mutual de Seguridad en que muestran con orgullo que llevan más de medio año sin accidentes considerables.

A juicio del capataz, esto se debe a que la empresa de un tiempo a esta parte ha venido poniéndose al día en cuanto a la prevención de riesgos y la supervisión de las labores. “Existe un comité paritario –con representantes de los trabajadores y la empresa- que tiene que velar por las necesidades del personal, sobre todo en lo que respecta a aseo y seguridad, y además hay dos personas que andan vigilando que se cumplan las normas”.

No obstante, Rigo recuerda que en su experiencia en obra ha presenciado los más diversos accidentes: “Una vez un viejo que cortaba con un serrucho eléctrico se cortó un dedo y, pese a que lo rescató del aserrín, no se lo pudieron poner de nuevo”. Según él, todos estos hechos se pueden prevenir, porque, “los accidentes no son accidentes, sino que descuidos”

Los hombres con cascos de todos colores se asoman por los balcones de los departamentos en construcción. Otros están abajo, donde hasta hace unos días se trabajaba el hormigón y los fierros. Hoy están desmantelando la grúa pluma azul que desde hace más de nueve meses se imponía en los cielos limpios de La Cisterna.

La obra gruesa ha terminado, y con ella son muchos los que dejan su puesto de trabajo; se irán a otra obra o buscarán algo por mientras los llaman para otra labor. Los enfierradores, hormigoneros y albañiles le dan el paso a los mueblistas y terminadores que se encargarán de dejar los departamentos listos para la venta. Don Rigo, en tanto, va a seguir peleando con los pintores y ceramistas que ensucian el piso recién instalado o el papel mural.