Plaguicidas Tóxicos y su uso en la Agroindustria
“La Manzana de Blanca Nieves”
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María Elena Rozas, coordinadora nacional de la Alianza por una Mejor Calidad de Vida/Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas de Chile (RAP-Chile)
Fuente: Andrea Sánchez Riadi |
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Los plaguicidas son muy eficaces. Matan insectos, hongos, ácaros, caracoles, ratones, plantas, y seres humanos.
Chile siempre ha sido un país exportador de materias primas. Desde los tiempos post coloniales, el desarrollo de esta actividad experimentó limitaciones, hasta que en los setenta emergió el caballito de batalla, la uva de mesa, que logró estructurar la industria frutícola.
En 2005 el PIB creció un 6,3%. La producción industrial más de un 7% y las exportaciones casi un 50%. Ciertamente, el panorama sitúa a la agroindustria como una fuerte alternativa para impulsar el desarrollo económico de Chile y sobre todo, de las regiones fundamentalmente agrícolas del país.
Estas condiciones, asociadas a la particular situación geográfica y clima mediterráneo, puso en el centro de la discusión el gran potencial que tiene. En la actualidad, Chile ocupa el lugar número 17 entre los mayores exportadores del sector, compitiendo con países como Nueva Zelanda, Australia e Italia. Pero muchos sueñan con ser “top ten”.
En esta dirección, la Presidenta Michelle Bachelet ha anunciado que el gobierno impulsará las exportaciones a través del fortalecimiento del Programa por el Fomento de las Exportaciones Chilenas (ProChile) y la constitución de un comité que articule a productores y exportadores de alimentos en el sector público.
No obstante, estas declaraciones solo sembraron incredulidad entre los empresarios como el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Luis Schmidt, quien critica que el apoyo económico al sector ha sido débil. Aclaró para Economía y Negocios, diario El Mercurio, que "Chile difícilmente va a ser potencia agroalimentaria si no trabajamos el tema del crecimiento. Este semestre, el sector agrícola creció sólo 2%, el menor en siete años".
Tanteando el terreno
El fenómeno de la globalización se gesta a partir de la mundialización de la economía y las iniciativas de integración regional que buscan expandir el comercio.
Según estadísticas de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO) que The Moroso revisó, el comercio mundial anual de productos alimentarios se estima en 380 mil millones de dólares. En este contexto, uno de los mayores compradores del mundo es Estados Unidos, importando 12 mil millones de dólares solamente desde los países latinoamericanos, y Chile se sitúa en una posición nada despreciable, exportando hacia el resto del mundo 1,3 mil millones de dólares.
Si apreciamos estas cifras, la competencia en el mercado internacional de alimentos juega un papel cada vez más importante para lograr una mayor calidad e inocuidad de los alimentos exportados.
El acceso de los países en desarrollo a los mercados de exportación de alimentos dependerá, entonces, de su capacidad para cumplir con los requerimientos y regulaciones que exijan los países importadores.
Las recientes retenciones de alimentos importados que realiza la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) de los Estados Unidos indican que más del 50% de los rechazos se deben a la falta de higiene básica de los alimentos y la imposibilidad de cumplir con los requerimientos de etiquetado, y no por problemas técnicos o de sofisticaciones en la producción.
En este sentido, un punto crucial para la armonización de las políticas agrícolas e higiene a nivel internacional fue la Ronda de Uruguay de Negociaciones Multilaterales de Comercio, que finalizó en 1994 con la firma de múltiples acuerdos comerciales a los que todos los miembros de la OMC están comprometidos, incluyendo a Chile.
Dos de estos acuerdos son ejes para asegurar la calidad e inocuidad de los alimentos: el Acuerdo sobre Aplicación de medidas Sanitarias y Fitosanitarias (Acuerdo ASF) y el Acuerdo sobre Barreras Técnicas al Comercio (Acuerdo BTC).
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Rama de manzano con un fuerte ataque de pulgón
Fuente: trebago.com |
Revolución verde
Desde su fundación en 1945, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) celebra todos los años el Día Mundial de la Alimentación, el 16 de octubre. El tema de este año es "Invertir en la agricultura para lograr la seguridad alimentaria".
Hoy, la oferta de alimentos se vuelve cada vez más vulnerable, considerando la masificación de métodos y técnicas agrotóxicas de control de plagas que comprometen el estado fitosanitario de los cultivos. La seguridad alimentaría presente y futura dependen de sistemas de optimización de la producción agrícola que no provoquen daños colaterales de tipo sanitario o ambientales, como los que producen los plaguicidas químicos.
The Moroso conversó con María Elena Rozas, coordinadora para el Cono Sur de la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina (RAP-AL), organización que se dedica desde 1993 a denunciar, investigar, informar y sensibilizar sobre el uso de sustancias químicas tóxicas como los plaguicidas y sobre los efectos negativos de los alimentos transgénicos.
Rozas explicó que “la política más funesta de todas fue la llamada ‘revolución verde’ que por décadas promocionó la FAO para acabar con el hambre en el mundo. A raíz de ella, se masificó la ‘agricultura convencional’, que supone el uso d maquinaria, semillas híbridas, plaguicidas y fertilizantes químicos”.
La situación se transformó en un fértil campo de cultivo de empresas dedicadas a la industria química, y que actualmente forman un grupo cada vez más reducido de corporaciones, gigantes transnacionales que dominan el sector agroalimentario del planeta.
En Chile existen numerosas las empresas importadoras de plaguicidas, dentro de las cuales las más importantes o quizás las más conocidas por los ciuadanos son Anasac y Bayer. Los productos químicos que ofrecen en el mercado nacional para combatir las plagas son tóxicos, y por ello, deben respetar normas internacionales indicando, con el color de lo envases, el grado de toxicidad del producto.

Fuente: Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas de América Latina, centro regional para América Latina y el Caribe de Pesticida Action Network (PAN)
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Sistema terrestre de control de plagas mediante uso de agrotóxicos
Fuente: Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica en Plaguicidas (REVEP)
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Se cosecha lo que se siembra
En Chile, al igual que en la mayoría de los países del mundo, los plaguicidas se utilizan masivamente tanto en el área agrícola y forestal como en la sanitaria. El crecimiento del sector agroindustrial condujo a un incremento del uso de este tipo de agrotóxicos.
De acuerdo a estadísticas que maneja RAP-AL, compartidas con The Moroso en la sede RAP-Chile, la importación de plaguicidas químicos ha aumentado en un 380% desde 1984. Al año 2004 se importaron 23.276 toneladas de plaguicidas por un valor aproximado de 132 millones de dólares (36,3% más que en 2002).
En concreto, el uso de plaguicidas trae aciagas consecuencias para la fertilidad y la sanidad de la tierra, produce un desequilibrio en los ecosistemas, contamina las napas subterráneas de agua al igual que a la atmósfera.
Al usar mayores cantidades de plaguicidas y fertilizantes químicos, los agricultores logran una mayor producción al corto plazo, pero a expensas de la estructura del suelo, de la biodiversidad, del medio ambiente y en consecuencia de la salud humana.
Estos verdaderos “biocidas” actúan en todos los organismos vivos. El campo chileno vive un exterminio generalizado, primero porque los plaguicidas son de libre venta y segundo, porque el usuario determina el tipo de químico que usará en la mayoría de las actividades.
Luego, el aire se encarga de transportar las partículas suspendidas a los poblados cercanos, sin contar con el traspaso de agentes tóxicos al suelo del cual se nutre la planta y a napas subterráneas, de las cuales nos servimos para extraer agua.
De esta manera, los alrededores de la plantación permanecen contaminados, pero el riesgo no se circunscribe solamente a esa zona. Eventualmente ese producto agrícola llegará a nuestra mesa; ya sea al ingerirlo directamente, o al consumir cualquier animal que haya comido o bebido el agente tóxico, el químico llegará invariablemente a nuestro torrente sanguíneo.

Fuente: Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica en Plaguicidas (REVEP). Dra. Clelia Vallebuona Stagno, Encargada de REVEP, Dpto. Epidemiología, División de Planificación Sanitaria, Misterio de Salud. Octubre 2005
La contaminación de los alimentos con residuos de plaguicidas puede causar serios trastornos en los sistemas inmunológico, reproductivo y nervioso, además de causar enfermedades como el cáncer. En un encuentro con The Moroso, el diputado Marco Enríquez-Ominami opinó que “el acceso libre, no regulado a esos productos muestra el nivel de cinismo de nuestras políticas públicas […] Es cierto que es complejo fiscalizar miles de predios, y por eso, de plano, lo mejor es prohibir el uso de algunos de ellos”.
De hecho, en la actualidad, la FAO reconoce que el uso de plaguicidas, en especial los organofosforados, organoclorados, y carbamatos, genera problemas en la salud y el ambiente. Por consiguiente, recomienda a los fabricantes de agrotóxicos retirar del mercado “los plaguicidas que representen un riesgo inaceptable para las personas y el ambiente”.
Un problema laboral y sanitario
En agosto de este año, el grupo ecologista Nguallen Pelu Mapu (Protectores de la Tierra) denunció que en la zona rural Los Sauces, IX Región, existen graves riesgos sanitarios para la población por el uso indiscriminado de plaguicidas en las extensas plantaciones forestales, señalando especialmente a la empresa forestal Comaco, en la localidad de Porvenir.
La iniciativa cobra relevante importancia, considerando que el año pasado se notificaron 804 intoxicaciones agudas provocadas por plaguicidas, incluyendo 19 muertes y 306 personas hospitalizada por lesiones graves, según informa la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica en Plaguicidas (REVEP), dependiente del Ministerio de Salud y del Instituto de Salud Pública (ISP).

Fuente: Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica en Plaguicidas (REVEP). Dra. Clelia Vallebuona Stagno, Encargada de REVEP, Dpto. Epidemiología, División de Planificación Sanitaria, Misterio de Salud. Octubre 2005
REVEP nació en 1993, con el objetivo de detectar tempranamente los casos y brotes epidémicos de intoxicación aguda por plaguicidas, para aplicar oportunamente las medidas de prevención y control. No obstante, para María Elena Rozas, “se cuida mucho la imagen de Chile en relación con las exportaciones agrícolas y forestales, pero no se cuida la salud de los trabajadores expuestos. Es necesario que en Chile se prohíban los plaguicidas más dañinos tanto por sus efectos tóxicos inmediatos, como de largo plazo, y que se legisle adecuadamente para proteger a los trabajadores”.
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Temporeras quemadas por plaguicidas cuando cosechaban habas el 22 de octubre de 2004
Fuente: puntofinal
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Olivia Muñoz y Edith Araya, en representación de 22 trabajadores intoxicados por plaguicidas cuando cosechaban habas en octubre de 2004, exigieron una indemnización al Estado por los daños sufridos y por la imposibilidad de volver a reincorporarse al trabajo, sin encontrar respuesta.
En tanto, Marco Enriquez-Ominami, quien presidirá la última comisión parlamentaria relacionada con el tema de los plaguicidas, está convencido que “el empleo que se crea en Chile, actualmente, es propio de un período bárbaro y que no cuidad el concepto minimalista de una calidad del empleo” y sostiene que “Chile tiene una política laxista sobre el tema de los plaguicidas, pesticidas y el manejo que se obliga a realizar de los mismos para miles de mujeres”.