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La ruta de las ferias artesanales de Santiago

Conviviendo entre el arte y el lucro

Conviviendo entre el arte y el lucro

Artesanía en cuero, una de las especialidades del Centro Artesanal Santa Lucía.

Fuente: www.puc.cl

 
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Artesanos Santa Lucía

Existen en gran parte de las comunas capitalinas e incluso de provincias. Sin embargo, no todas funcionan de la misma manera. Mientras algunas sólo aceptan artesanos productores, otras mezclan fabricaciones propias con importaciones y algunas, simplemente, son verdaderos centros comerciales al aire libre.

The Moroso se adentró en un mercado lucrativo, pero que cuenta con realidades muy diversas, que en algunos casos generan divisiones entre los mismos artesanos que las componen.

Marcela pasa a buscar a su amiga y en pocos minutos caminan con destino al centro de la comuna en la que viven. Ya han juntado el dinero necesario, y en pocos minutos más , tendrán lo que esperaron hace varios meses: Marcela, fiel a su estilo de vida gótico, irá por su pearcing en el ombligo , el tercero que se realiza en su cuerpo, mientras que Marcia, podrá por fin tener el tatuaje en la espalda que tanto espera.

Pocos minutos después, arriban al lugar que buscaban. “Venimos acá porque ya nos conocen, los otros dos pearcings que tengo me los hice aquí y además es el lugar donde mejor hacen el trabajo” confiesa Marcela, vestida íntegramente de negro, mientras ingresan a uno de los locales ubicados en una de las tantas Ferias Artesanales de Puente Alto.

La anterior es una práctica común en cientos de jóvenes de la capital. Diariamente, muchos de ellos recurren a las distintas Ferias Artesanales, ubicadas en los más diversos lugares de Santiago, para satisfacer las más variadas demandas.

El negocio de las Ferias Artesanales es un fenómeno muy particular de la vida capitalina e incluso de algunas regiones. La oferta es muy diversa en este tipo de lugares, ubicados por lo general a la intemperie, e incluye artículos de artesanía nacionales e importados, afiches, libros, ropa, y en muchos casos, locales que realizan pearcings y tatuajes, actividad que ante la alta demanda juvenil resulta muy lucrativa.

“Hace como cinco años que estamos en esto con mi socio, confirmó a The Moroso, el encargado del puesto de pearcings y tatuajes del recinto puentealtino, que prefirió reserva de su identidad. Confesó además, que uno de los principales problemas que han tenido es la eventual desconfianza de los clientes ante las condiciones de sanidad de su local, pero aclaró que “están continuamente fiscalizándonos y tenemos todas las autorizaciones sanitarias correspondientes y además trabajamos con todas las medidas de seguridad que existen”.

En su tienda, los clientes pueden gozar de una muy variada y llamativa oferta, que cuenta con una amplia gama de opciones en cuanto a tatuajes, “mi socio tiene un catálogo con muchas figuras, pero si no le gustan, al cliente le podemos tatuar la figura o nombre que desee”. Además, cuentan con el equipamiento necesario para realizar pearcings en cualquier lugar del cuerpo que el usuario crea conveniente.

El recinto tiene la denominación de feria artesanal, pero en él se pueden encontrar desde pequeños elementos de decoración de distintos orígenes, hasta tarotistas, tiendas de ropa y espacios como a los que acuden Marcela y su amiga.

Conviviendo entre el arte y el lucro

Las aplicaciones en madera también son propias del Centro Artesanal Santa Lucía

Fuente: www.artesanosantalucía.cl

En la variedad está el gusto

Ciertamente, este tipo de recintos, son de muy distinta índole en cada lugar. Existen ferias ambulantes o estacionarias, que van de ciudad en ciudad en fechas importantes del año, otras que se establecen esporádicamente en un sector específico en momentos comercialmente rentables (Navidad, Año Nuevo, Fiestas Patrias) y otras que tienen un funcionamiento permanente en una zona determinada.

En esta última categoría se encuentra el Centro Artesanal Santa Lucía. Ubicado en plena Alameda, a pasos de la Estación Santa Lucía del Metro, el espacio tiene un funcionamiento distinto al de cualquier feria comunal. Su historia se remonta hacia 1988, cuando partieron arrendando el terreno que actualmente ocupan, para una feria de Navidad en la que vendían artículos de decoración. En 1992, se consolidaron con productos de artesanía y se organizaron como Sociedad Anónima y sindicato para tramitar la venta del terreno. En diciembre de 2004 terminaron de pagar la hipoteca y en 2005 se convirtieron en propietarios.

El recinto cuenta actualmente con 150 locales, cuyos dueños pueden hacer uso de él o subarrendarlo. Para Roberto Ávila, administrador de este centro artesanal y uno de los fundadores de la sociedad anónima, la gran diferencia de ellos respecto a otras ferias comunales está en el producto que ofrecen. “Debe existir un lugar para el arte y la artesanía en la capital. Nosotros tratamos de cambiar el concepto y las necesidades de los jóvenes y además orientamos bastantes de nuestros productos hacia la mujer” explica Ávila.

La propuesta del Centro Artesanal Santa Lucía incluye productos tanto de fabricación propia como adquiridos de otros acreedores, siempre en torno a dos grandes tendencias: artesanía tradicional (aperos, vasos, artículos de decoración,) y otra de artesanía utilitaria urbana. Según Ávila, esto obedece a los dos distintos matices que tiene el recinto, y que les permite tener un público específico.”Nuestra propuesta va dirigida por un lado el turista, que llega a los distintos eventos que se realizan en la capital, y por otra el público común y corriente que circula a diario por las calles”.

La crítica principal que se realiza a muchos de estos establecimientos es que en la mayoría de los casos la artesanía es sólo un pretexto para convertirse en una especie de centro comercial al aire libre, un verdadero persa itinerante, con la más amplia variedad de productos. Ávila precisa que el espacio que administra precisamente quiere escapar de aquella tendencia estableciendo algunas restricciones. “Cualquier persona puede tener un puesto acá si lo desea, siempre que sus productos sean de artesanía. Por lo mismo no aceptamos tatuajes ni pearcings, porque no son precisamente artesanía, y porque además, nuestro público es otro. Acá tenemos gente que tiene sus propios talleres y otros que adquieren los productos de proveedores externos”.

Él mismo además, posee un local de libros en el recinto, cuya característica principal es que se trata de textos históricos, antropológicos, geográficos, pero no literatura clásica. Así mismo, no desconoce que han tenido algunos problemas con la Municipalidad que les exige un lugar de construcción sólida, pero cree que aquello es un problema secundario ante los beneficios que aportan. “Somos una importante fuente laboral ya que acá hay trabajo para vendedores, dueños de locales, proveedores, iluminadores”, detalla el administrador.

Por otra parte, otro de los objetivos centrales del recinto es difundir la artesanía y el folclore nacional a través del país y del mundo. Por ello, su ubicación privilegiada en el centro de la capital resulta fundamental para captar la atención de los turistas, y eso lleva a que también desarrollen un amplio proceso de difusión, que incluye trípticos repartidos a los visitantes y en hoteles, avisos en revistas y publicidad subvencionada por ellos mismos con bolsas con el nombre del lugar, además de la página web que da a conocer el lugar en el ciberespacio.

Otro punto muy importante para Ávila es la seguridad que ofrece este centro, con un equipamiento también financiado por sus propios bolsillos, y que incluye cámaras de seguridad, guardias, y circuito cerrado de televisión. “Nos preocupamos por la integridad de quienes nos visitan, ya que no sólo queremos que adquieran nuestros productos, sino que al visitarnos disfruten del lugar y pasen un rato agradable sin miedos” finaliza el artesano.

Conviviendo entre el arte y el lucro

En la feria de pío Nono, el lapislázuli es la especialidad de la casa

Fuente: www.mineralesyfosiles.com

Un espacio para lo nacional

Marcela en pocos minutos más tendrá su pearcing. El encargado de los tatuajes hace también un trabajo rápido sobre la espalda de Marcia. En, tanto, el viaje continúa por la capital y no muy lejos de Santa Lucía, otra feria cuenta con una tradición similar pero una historia muy distinta.

La calle Pio Nono, frente a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, es el centro operacional de la feria artesanal que lleva el nombre de dicha calle. Compuesta por 124 locales, gracias a las gestiones de los tres sindicatos de trabajadores que en ella trabajan, este espacio se caracteriza por albergar sólo a artesanos productores, sin ningún tipo de proveedores externos.

Al contrario de su símil de Santa Lucía, quienes la integran no son dueños del terreno, ya que este es un Bien Nacional de Uso Público, por lo que la legislación sólo permite arriendos, algunos gestionados por la Municipalidad y otros por esfuerzo personal. “Tenemos que pagar un derecho de ocupación cada semestre, por una suma que bordea los 95 mil pesos” explica Eduardo Fuenzalida, quien preside uno de los sindicatos que componen la feria.

Otra diferencia de este recinto en relación al de Santa Lucía es que sus productos van dirigidos a todos los segmentos del público. El único requisito para formar parte de esta feria es demostrar que se es un artesano productor. Luego de eso, aprobar todas las autorizaciones correspondientes y poseer un taller propio para la fabricación de los productos.

Fuenzalida se queja de que uno de los principales problemas que deben enfrentar es la competencia de muchas otras ferias comunales, que en realidad sólo venden productos al público, sin que exista fabricación propia en ellas. “Cualquiera de esas que se hacen llamar ferias artesanales en las comunas no tienen nada nacional. Son puras importaciones chinas, coreanas, peruanas, bolivianas, que no tienen nada que ver con nuestra identidad y que además, en muchas ocasiones son de dudosa calidad, lo que nos perjudica a nosotros, porque la gente nos mira con recelo porque cree que acá va a encontrar lo mismo”, explica el artesano.

Una de las especialidades de esta feria es el lapislázuli. Varios de los locales ofrecen diversos productos elaborados con dicho mineral. Uno de ellos es el de Manuel Zenteno, quine produce y vende desde pequeñas dedicatorias hasta adornos de diferente tipo y tamaño, con precios que fluctúan entre los 500 y los 2000 pesos “Llevo cinco años trabajando tanto en lapislázuli como en piedra Ónix. Junto al dueño del local adquirimos la materia prima de las minas y fabricamos los productos en nuestros propios talleres” explica Zenteno.

Sin embargo, el futuro de este espacio artesanal es incierto. A partir de agosto de este año, se iniciará un plan de remodelación de la calle Pío Nono, En el lugar en el que se ubica la feria se construirán estacionamientos subterráneos y sobre ello, una ciudad artesanal, de estilo colonial, que permitirá a los locatarios volver a sus fuentes laborales, pero después de un año, cosa que según Fuenzalida, puede ocasionarles varios perjuicios. “Nosotros vivimos de esto, y un año sin actividad es bastante. Aunque el recinto mejorará, en la mayoría de los casos no tenemos la posibilidad de establecer alguna feria itinerante durante dicho período, por los altos costos que implican los permisos” precisa.

Después de casi una hora, el trabajo está terminado. Marcela disfruta de su nuevo pearcing mientras Marcia ya podrá lucir su último tatuaje. Tras cancelar la tarifa correspondiente, ambas se retiran del local, no sin antes recorrer los locales de la feria que a menudo frecuentan.

Afuera, en tanto, la disputa en las calles continuará. Mientras muchos encararán el tema sólo como un atractivo negocio, otros con distintos estilos y diferentes realidades, como el Centro Artesanal Santa Lucía o la feria de Pío Nono, seguirán luchando por abrirle espacios a lo netamente artesanal, en un negocio que con enfoques, orientaciones y públicos, opuestos conforman un mercado que día a día abre sus puertas al público capitalino.

Por: Roberto Guidotti Fecha de publicación:
Lunes 5 de junio 2006