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FMI y Banco Mundial

Los padrinos del mercado internacional

Los padrinos del mercado internacional

Francisco Prieto: "Cuando el FMI da respaldo a un país significa que estima que está manejado de forma sana y prudente por sus autoridades políticas y económicas”

 
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Banco Mundial

El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial son los mayores referentes del transnacionalismo actual. Mientras el primero ha logrado mayor control sobre la estabilidad macroeconómica internacional, el otro ha incentivado el desarrollo a niveles locales.

Sin embargo, la consolidación mundial de estos organismos ha traído duras críticas de parte de organismos anti globalización y en algunos casos, el proceso no ha sido nada fácil.

Desde su fundación el FMI adquirió relevancia por su capacidad de influir en las decisiones soberanas de los países menos desarrollados respecto a su manejo económico. Sus prácticas de intervención en las economías nacionales fueron una de las razones que desataron la crisis social el 2001 en Argentina. La prioridad de las obligaciones relacionadas con la deuda externa permitió que se hiciera evidente la precaria situación social experimentada por esta nación. La falta de servicios básicos, 60% de la población bajo los índices de pobreza y los problemas alimenticios de 2,3 millones de niños en la otrora orgullosa Argentina, fueron el argumento de algunos críticos para cuestionar al FMI y al Banco Mundial.

Una necesidad transnacional

La depresión de 1929 y la devastación económica europea tras las dos Guerras Mundiales fueron las grandes razones para la creación de un Fondo Monetario Internacional y un Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (B.I.R.F.) Los acuerdos logrados el año 1944 en la Conferencia de Bretón Woods buscaron generar una institucionalidad internacional que permitiera la cooperación monetaria y financiera sobre la base de una reglamentación básica del comercio mundial. Francisco Prieto, director del Centro de Estudios de Política Comercial de la Universidad de Chile, señala que de esta forma “se establecieron tres instituciones que serían pilares del sistema económico multilateral para disciplinar el comportamiento económico: el FMI, con objetivos de regulación monetaria y financiera, el Banco Mundial, destinado al financiamiento para el desarrollo y, en un principio, el GATT con una función netamente comercial”.

Las principales medidas a adoptar por el FMI apuntaban a la estabilidad cambiaria, tratando de evitar depreciaciones competitivas, la implementación de un sistema de pagos multilateral, la eliminación de las barreras al crecimiento del comercio mundial y el otorgamiento de facilidades para el equilibrio de sus balanzas de pagos para los estados integrantes del FMI. Por otra parte, el B.I.R.F., denominación antecedente del Banco Mundial, se orientó a largo plazo al fomento productivo de los países menos desarrollados como complemento a la labor del FMI. Pero su objetivo inmediato se centró en la reconstrucción de la devastada infraestructura europea. Junto al Plan Marshall en 1947, la campaña norteamericana por la reactivación económica del viejo continente se intensificó.

La importancia de estos organismos radica en la gravitación de sus políticas sobre las naciones menos desarrolladas. Al respecto, Francisco Prieto indica que “tienen la capacidad de facilitar o dificultar el acceso de una nación al financiamiento internacional. Es una suerte de aval. Cuando el FMI da respaldo a un país significa que estima que está manejado de forma sana y prudente por sus autoridades políticas y económicas. Cuando un país recibe el rechazo del FMI se le cierran las puertas y nadie le presta un peso”. La postura de estos organismos fueron determinantes en el “Consenso de Washington”, reunión celebrada en 1989 donde se definieron las reformas estructurales y las políticas de ajuste que se impondrían a Latinoamérica tras la crisis de la deuda externa en 1982. Desde estas instancias se delinearon las privatizaciones, las aperturas comerciales, los equilibrios macroeconómicos y el orden de la política fiscal y monetaria.

Los padrinos del mercado internacional

Cuotas de poder

Fuente: FMI

El poder norteamericano

Estados Unidos a finales de la Segunda Guerra había afianzado su poder político y económico. Tras la victoria aliada sucedió definitivamente a Inglaterra como la gran potencia del mundo occidental. Desde esta época controló cerca de un tercio de las exportaciones mundiales, registrando los mejores índices de balanza comercial de su historia, y un PIB equivalente al 50% del producto global.

La inmejorable situación una vez finalizada la guerra tentó a sus políticos y empresarios a una expansión agresiva. Pero, como señala el historiador Erick Hobsbawm “fue la Guerra Fría lo que los incitó a adoptar una perspectiva a más largo plazo, al convencerlos de que ayudar a sus futuros competidores a crecer lo más rápido posible era de máxima urgencia política”.

De esta forma, Estados Unidos consolidó progresivamente una posición dominante en el escenario internacional. Su manejo en la estructuración de los nuevos organismos financieros, de los cuales dependían las naciones debilitadas por la guerra, garantizó la extensión de un bloque liberal de contención a la amenaza soviética.

Pero la globalización liberal reconoció sus primeras formas en el período de entreguerras con la formación del Cordón Sanitario de Naciones Emergentes en la Europa oriental. Bajo el auspicio de Woodrow Wilson, desde el Tratado de Versalles se buscó contener los focos revolucionarios en la Unión Soviética. Este fue el antecedente que promovió la mundialización del sistema de relaciones internacionales del bloque liberal occidental. Es así como “con el avance del siglo, la reformulación de las relaciones internacionales en torno a la ONU y a otros organismos internacionales como el FMI o el BIRF se reconocería la importancia fundante de la sociedad de las naciones en la institucionalidad económica transnacional actual”.

La estructura del FMI y el Banco Mundial dan cuenta del grado de poder que desde su fundación ha tenido Estados Unidos en sus decisiones, ya que el porcentaje de voto esta determinado por las cuotas de Derechos Especiales de Giro o DEG que posee cada país en el organismo. Estas cuotas se asignan de acuerdo a la relación directamente proporcional entre el tamaño de la economía y el monto de aportes de cada nación a la entidad. En la práctica esto implica una participación diferenciada donde las políticas impulsadas desde el directorio se encuentran fuertemente manejadas por Estados Unidos. Para Francisco Prieto “El fondo en muchos ámbitos refleja el pensamiento político e ideológico del manejo económico americano. Pero hay bastante seriedad en los consejos del fondo. Es coherente y compatible con la lógica económica estricta”.

Por otra parte, Manuel Riesco, ingeniero-economista y ex candidato a senador en Santiago oriente por el pacto Juntos Podemos, asegura que esta hegemonía norteamericana en la economía mundial ha decaído enormemente frente a la emergencia intempestiva de países como China y la India que se proyectan como las grandes economías de aquí a diez años. Sostiene que esto a futuro hará “cambiar la correlación de fuerzas al interior de los organismos comerciales y financieros internacionales. En la medida que Estados Unidos pierda fuerza relativa le va a pasar lo mismo que a Inglaterra en el siglo pasado. Ellos fueron la superpotencia política y bélica hasta muchos después de dejar de serlo económicamente. A Estados Unidos también le va a llegar su cuarto de hora”.

Los padrinos del mercado internacional

Manuel Riesco: “Estas políticas restrictivas son responsables de las recesiones recientes, ya que provocan el empeoramiento de las capacidades de pago de los que realmente están endeudados, es decir, los privados”

El síntoma restrictivo

La erosión de las fronteras políticas frente a la omnipotencia de estos organismos financieros ha sido la principal fuente de críticas a su labor. El “código de conducta” implementado por el FMI fue sindicado como uno de los responsables de las recesiones y crisis financiera que a fines de los 90 se produjeron en distintos países latinoamericanos. Las políticas de ajuste estructural han generado controversia desde la ortodoxia de los 50 hasta las nuevas estrategias de desarrollo delineadas tras la crisis de los 80'. Prieto explica que “el buen juicio que el FMI hace de un país ha dependido de la implementación de reformas impopulares, ya que siempre ha estado detrás del alza de servicios básicos que permitan el financiamiento de las empresas para que el Estado no tenga déficit”.

El caso de Argentina es el ejemplo que ocupan los críticos para denunciar el fracaso del FMI. Sin embargo, para Prieto, “a nivel interno, además de la falta de transparencia y la grave corrupción, se cometieron demasiadas incoherencias en el manejo macroeconómico. La fijación igualitaria del dólar con el peso en una situación inflacionaria estaba condenada al fracaso”. Por otra parte, destaca la falta de anticipación de este organismo en la crisis asiática. “Pocos días antes que se desató la crisis emitieron un informe donde respaldaban el éxito de las políticas económicas en los países del Asia. Estos recibieron la bendición del fondo, pero a los pocos meses estaban en crisis de sobreendeudamiento y problemas para responder a los compromisos financieros”.

Las principales medidas impulsadas desde el FMI han presionado a los gobiernos de países en desarrollo, bajo condicionamiento prestamista ante desequilibrio en sus balanzas de pagos, a la ejecución de políticas monetarias y fiscales que han significado la contracción del gasto social. La privatización de empresas públicas, la reducción del papel del Estado en el mercado y las graves brechas en la distribución del ingreso son las consecuencias que más rechazo produjeron frente a la situación de grupos vulnerables. Tras estas disposiciones se buscaba la consecución del saneamiento del presupuesto público y la mantención de políticas de superávit para saldar los problemas de deuda externa. De aquí en adelante se consolidaría la explicación respecto a que las malas gestiones eran las que llevaban a los Estados a acudir al FMI.

Manuel Riesco recalca que estas prácticas, apoyadas por las oligarquías de los grandes países capitalistas, “encontraron el ferviente respaldo de las elites latinoamericanas, quienes eran las principales beneficiarias. El grado de extremismo en la aplicación de estas políticas ha sido distinto en los diversos países”. Para Riesco “se creo en la burocracia de estos organismos una cultura de imponer políticas fiscales muy restrictivas a los Estados endeudados. Pero en la actualidad el grueso de los préstamos es recibido por entes privados. Así mismo estas políticas restrictivas son responsables de las recesiones recientes, ya que provocan el empeoramiento de las capacidades de pago de los que realmente están endeudados, es decir, los privados”.

Según Riesco, la situación actual de nuestro país no justifica las medidas de shock que el FMI ha mantenido a lo largo de su historia. “Chile necesita construir un estado de bienestar, eso hacen los países cuando llegan a un nivel de desarrollo como el nuestro. Hay que duplicar el gasto social paulatinamente para a largo plazo pasar del 15% al 30% como promedio latinoamericano. El gobierno chileno hoy gasta menos del 10%...”. En esta línea surgen con fuerza las opiniones de distintos especialistas respecto a los objetivos futuros de los principales organismos internacionales como efectivos mecanismos multilaterales. El consenso parece estar determinado por la aplicación del principio del equilibrio de intereses recíprocos no desde la aplicación directa de los intereses de los países mas avanzados.

Por: Cristian Fuentes V. Fecha de publicación:
Lunes 5 de junio 2006