MICROEMPRESA
Vega, ponte bella
Tras la utopía de "vivir del arte"
Medios sin fines de lucro:
El nuevo espacio independiente

En los últimos años, los crecientes espacios independientes para los medios de prensa, especialmente escritos, han buscado sacar sus voces sin que nadie los amenace, y para ello, las nuevas filas de este periodismo han renunciado a la dependencia económica que los solvente en sus cruzadas.

por Macarena Garrido, Francisco Maulme,
Tania Tamayo y Maximiliano Valdés

Tres medios de prensa escrita parecen estar dando una pelea, hasta hace poco tiempo inimaginable. Tres años atrás, la idea de publicar un diario que no estuviese bajo el alero de los grandes consorcios periodísticos como Copesa o El Mercurio parecía destinado a una suerte similar a la de cualquier medio estudiantil o amateur. Sin embargo, los diarios La Firme, The Clinic y, por segunda vez, el Noreste han desafiado -con resultados nada despreciables- los escollos que las leyes de mercado suelen imponer a los proyectos independientes.

Concebidos a partir de la conjunción de ganas e ideas, más que por intereses económicos, el trío antes mencionado se apropió del rol disonante en la actual orquestación conservadora de los medios de comunicación escritos. Sin escatimar en ironías audacia y creatividad, La Firme, The Clinic y Noreste han demostrado que el público también requiere, aprecia y disfruta con la irreverencia.

Pese a no contar con grandes recursos para su producción, estos medios han subsistido con el apoyo tanto del público como de quienes están dispuestos a trabajar en ellos sin importar la carencia de recursos. La mayoría de quienes colaboran en tales proyectos lo hacen en forma gratuita o en el mejor de los casos con remuneraciones al borde del simbolismo. Aunque el tiraje en alguno de ellos resulta envidiable -más de 40.000 en el caso de The Clinic- su mayor sustento radica en la fuerza de sus proyectos y convicciones.

Aunque las proyecciones no son del todo desalentadoras tomando en cuenta lo anterior, estos medios distan mucho de ser entendidos como un nuevo e importante ámbito de desarrollo para el periodismo independiente.  Menos aún como una ampliación del mercado laboral para periodistas. Sus principales fortalezas -audacia y autonomía- suelen convertirse en sus principales obstáculos al momento de conseguir financiamiento por medio de la publicidad y por lo tanto recursos para su sobrevivencia. El compromiso y la perseverancia, hasta el momento, sólo se ve retribuida en la elección del público cada vez que los escoge entre la homogénea oferta nacional.             

Firme con la noticia

El diario La Firme pasa inadvertido en su oficina de la calle San Diego en medio de un incesante comercio ambulante. Nada ha sido fácil en el año y medio de funcionamiento de este medio pequeño, pero gritón que con su frase "Duela a quien le duela", tiene el sólido norte de vigilar de cerca a la democracia. La Firme tiene sólo dos personas de planta: el editor y el director, Mario Gómez Ramírez, hijo del periodista Mario Gómez López; los demás son colaboradores "voluntarios".

Gómez López está consciente que el desafío es mayúsculo cuando no hay medios económicos que lo afirmen, pero que las ganas de colaborar en la construcción de un Chile mejor lo alienta, no tan sólo a él sino al equipo que hay detrás de La Firme, quienes hacen de agua, vino. El problema económico que ha estado presente durante toda la existencia del diario es lamentable si se le compara con las megaempresas de comunicaciones existentes como El Mercurio o Copesa.

Aunque una encuesta realizada en el centro de Santiago arrojó que La Firme es uno de los diarios más leídos por las personas, su venta no deja ningún beneficio monetario para sus gestores. El dinero que se logra recaudar alcanza sólo para el papel y la tinta, nada más: en el milagro de La Firme se invierten 350.000 pesos por número (15 mil quinientos ejemplares). Hay ganas de hacer cosas, como por ejemplo hacer periodismo de investigación, pero Gómez Ramírez sólo dice "lo vamos a intentar" porque no están los medios, ni para sueldos alcanza. La única persona que gana dinero allí es el editor, y es el mínimo. El salario del director sale de las ganancias que deja la imprenta de la cual él es dueño. Sin embargo, pese a estos problemas, el periódico se ha ganado el espacio que tiene.

Por un lado, desde hace pocos meses está en internet su página web (www.lafirme.cl) que se ha transformado en la "joyita" de su director debido a sus 120.00 visitas mensuales que los ubican en el 6º lugar de los medios de comunicación on line; y por otro, su venta en los kioscos está junto con las otras ofertas, inclusive con amplia lectura ya que a veces reciben llamados telefónicos de lugares muy recónditos del país que por casualidad (o no tanto) se han sentido identificados con el contenido de los temas.

Según el mismo director de La Firme, su intención nunca ha sido panfletaria ni partidistas, por el contrario. Aunque Gómez Ramírez militó en el Partido Comunista sólo hasta 1988 por divergencias, la línea editorial no tiene partido político. Es bastante flexible y tiene como premisa ser enemigos de todo aquel que atente contra los derechos más antiguos del ser humano como la libertad, la injusticia o la igualdad. Se consideran pluralistas y como línea editorial, estiman que la sociedad chilena es un arco iris de colores y su tarea es luchar porque los colores más fuertes, más hermosos, primen por sobre los colores grises y oscuros y que, a la vez, puedan convivir porque son parte de este arcoiris.

La utopía de un diario "libre pensamiento" que aún no ha quebrado, es posible gracias a que existe la imprenta de la cual Gómez Ramírez es el dueño (desde donde se saca parte del dinero para la distribución del diario), lo que no lo ata a ningún interés económico, político partidario y de ninguna especie, nada más que a su historia, su experiencia y a las enseñanzas que le entregó su padre. Segundo, porque existen colaboradores (que no trabajan en ningún medio) que están dispuestos a entregar su tiempo, sin pensar en lo que van a recibir sino en cuanto van a aportar para hacer un Chile mejor.

La Clínica independiente

Era noviembre de 1998 y un día se juntó un grupo de amigos con Patricio Fernández a la cabeza, Roberto Brodsky,  Rafael Gumucio, y Pablo Azócar. Ellos tenían la idea de hacer algo como un pasquín que se riera de los medios de comunicación y de la contingencia. Era la época de la pre campaña presidencial de Ricardo Lagos, y  fue justo ahí cuando Pinochet cayó preso, entonces a este grupo, que ya tenía todo casi listo, no les pareció nada mejor que ocupar el nombre del lugar en donde estaba detenido el ex dictador. Pero de aquel momento no sólo tomó el nombre sino también el tono, “nació porque teníamos ganas de decir huevadas” dice Patricio Fernández.

Pero, esto era parte de muchas cosas relacionadas con Lagos, que, por supuesto, a medida que pasaba el tiempo y que  The Clinic iba tomando forma, comenzó a molestar a la gente del comando. Por eso se independizó rápidamente. Y después, cuando por la independencia, no había plata para parar este mono, Fernández junto a Pablo Dittborn pusieron un millón de pesos cada uno. De ahí en adelante, aseguran sus fundadores que no se han insertado dineros ajenos a las ventas. The Clinic, como ningún medio en la actualidad se mantiene gracias al tiraje.

La idea ahora es que el periódico se instale como una empresa autónoma: que tenga más gente trabajando adentro, que aumente las páginas, que tenga  más contenido y eso significa, según las palabras del director: ser solventes como empresa. Cosa que  parece posible ya que se están vendiendo avisos más que antes, por ejemplo, por primera vez se vende un aviso a color para el número cincuenta.

“A The Clinic, en el  futuro, hay que darle nuevos aires, meterle más periodismo y menos chistes. Aunque la gracia del diario es que uno no sabe para donde va, el hecho del caos es característico de nosotros. A veces hay agotamiento, hay tedio. Pueden pasar dos cosas, una es que nos vayamos a la mierda y la otra, que nos transformemos en un diario importante”, dice el editor Guillermo Hidalgo.

A juzgar por el tiraje (43.000 números) se puede deducir que este periódico tiene buena acogida, según Hidalgo, en distintos sectores de la población. Por eso hay muchos proyectos, pero antes “hay que ponerle más pino a esto”, recalca Fernández.

El regreso del Noreste

Diario Noreste es un experimento de narración poética y crítica del mundo común y corriente. Alejado de la perspectiva periodística en tanto objetividad y datos, aborda cada tema desde la opinión emotiva de sus autores. Reflotado en marzo del 2000 después de cerca de 30 números a finales de la década del ’80, el proyecto actual  está a cargo de Santiago Elordi  y Cristián Warnken, ambos más ligados al mundo de la crítica literaria y cinematográfica que al periodismo.

De frecuencia mensual, cuenta con 28 páginas gruesas a blanco y negro (excepto por las inserciones comerciales a todo color semejantes a avisos de auspiciadores), cuesta 500 pesos en su versión de papel que se complementa con una página web (www.diarionoreste.cl) dirigida a un público latinoamericano.

Bajo el epígrafe “La vida Peligrosa” y un viejo Cadillac como símbolo, la mezcla de titulares al puro estilo sensacionalista para textos bien escritos, sinceros, más cercanos al cuento, la crónica  literaria o el comentario, crea una mezcla interesante en la que se enlaza el ideal poético que persigue el diario con lo cotidiano. La mundanidad de la prensa roja presta sólo su imagen para un medio enfocado a la reflexión.

La mayoría de los artículos están hechos por los directores (Elordi y Warnken) a los que se suman varias colaboraciones. Claramente, no es un medio tradicional para el periodismo y podría asomarse también como revista literaria, apuesta cancelada por el formato propuesto. Sin embargo, hay una invitación abierta a participar en él (colaboraciones poéticas le dicen) para cualquiera que se interese mientras haya algo que decir y encaje en la entonación propuesta. De esta forma, Noreste no es un medio que aspire al periodismo tradicional o profundo, sino una forma de llevar visiones y sensaciones de la realidad a la calle.

Curiosamente, pese a definirse como bardos de una vida peligrosa, la acidez del diario refleja más bien una vida acomodada, en la que los problemas de Américalatina se discuten en un café parisino y lo atrasado de la educación chilena se conversa con whisky en el vigésimo piso de un edificio en el barrio alto de la capital. La vida peligrosa se ve como esas pequeñas luces desde el balcón del apartamento, subyugantes e hipnóticas para teorizar, con mucho brillo en ellas mismas  y poca iluminación a su alrededor.

Foto: El Mercurio