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Tres
medios de prensa escrita parecen estar dando una pelea, hasta hace
poco tiempo inimaginable. Tres años atrás, la idea de publicar un
diario que no estuviese bajo el alero de los grandes consorcios
periodísticos como Copesa o El Mercurio parecía destinado a una
suerte similar a la de cualquier medio estudiantil o amateur. Sin
embargo, los diarios La Firme, The Clinic y, por segunda vez, el
Noreste han desafiado -con resultados nada despreciables- los escollos
que las leyes de mercado suelen imponer a los proyectos independientes.
Concebidos
a partir de la conjunción de ganas e ideas, más que por intereses
económicos, el trío antes mencionado se apropió del rol disonante
en la actual orquestación conservadora de los medios de comunicación
escritos. Sin escatimar en ironías audacia y creatividad, La Firme,
The Clinic y Noreste han demostrado que el público también requiere,
aprecia y disfruta con la irreverencia.
Pese
a no contar con grandes recursos para su producción, estos medios
han subsistido con el apoyo tanto del público como de quienes están
dispuestos a trabajar en ellos sin importar la carencia de recursos.
La mayoría de quienes colaboran en tales proyectos lo hacen en forma
gratuita o en el mejor de los casos con remuneraciones al borde
del simbolismo. Aunque el tiraje en alguno de ellos resulta envidiable
-más de 40.000 en el caso de The Clinic- su mayor sustento radica
en la fuerza de sus proyectos y convicciones.
Aunque
las proyecciones no son del todo desalentadoras tomando en cuenta
lo anterior, estos medios distan mucho de ser entendidos como un
nuevo e importante ámbito de desarrollo para el periodismo independiente. Menos aún como una ampliación del mercado laboral para periodistas.
Sus principales fortalezas -audacia y autonomía- suelen convertirse
en sus principales obstáculos al momento de conseguir financiamiento
por medio de la publicidad y por lo tanto recursos para su sobrevivencia.
El compromiso y la perseverancia, hasta el momento, sólo se ve retribuida
en la elección del público cada vez que los escoge entre la homogénea
oferta nacional.
Firme
con la noticia
El
diario La Firme pasa inadvertido en su oficina de la calle San Diego
en medio de un incesante comercio ambulante. Nada ha sido fácil
en el año y medio de funcionamiento de este medio pequeño, pero
gritón que con su frase "Duela a quien le duela", tiene
el sólido norte de vigilar de cerca a la democracia. La Firme tiene
sólo dos personas de planta: el editor y el director, Mario Gómez
Ramírez, hijo del periodista Mario Gómez López; los demás son colaboradores
"voluntarios".
Gómez
López está consciente que el desafío es mayúsculo cuando no hay
medios económicos que lo afirmen, pero que las ganas de colaborar
en la construcción de un Chile mejor lo alienta, no tan sólo a él
sino al equipo que hay detrás de La Firme, quienes hacen de agua,
vino. El problema económico que ha estado presente durante toda
la existencia del diario es lamentable si se le compara con las
megaempresas de comunicaciones existentes como El Mercurio o Copesa.
Aunque
una encuesta realizada en el centro de Santiago arrojó que La Firme
es uno de los diarios más leídos por las personas, su venta no deja
ningún beneficio monetario para sus gestores. El dinero que se logra
recaudar alcanza sólo para el papel y la tinta, nada más: en el
milagro de La Firme se invierten 350.000 pesos por número (15 mil
quinientos ejemplares). Hay ganas de hacer cosas, como por ejemplo
hacer periodismo de investigación, pero Gómez Ramírez sólo dice
"lo vamos a intentar" porque no están los medios, ni para
sueldos alcanza. La única persona que gana dinero allí es el editor,
y es el mínimo. El salario del director sale de las ganancias que
deja la imprenta de la cual él es dueño. Sin embargo, pese a estos
problemas, el periódico se ha ganado el espacio que tiene.
Por
un lado, desde hace pocos meses está en internet su página web (www.lafirme.cl)
que se ha transformado en la "joyita" de su director debido
a sus 120.00 visitas mensuales que los ubican en el 6º lugar de
los medios de comunicación on line; y por otro, su venta en los
kioscos está junto con las otras ofertas, inclusive con amplia lectura
ya que a veces reciben llamados telefónicos de lugares muy recónditos
del país que por casualidad (o no tanto) se han sentido identificados
con el contenido de los temas.
Según
el mismo director de La Firme, su intención nunca ha sido panfletaria
ni partidistas, por el contrario. Aunque Gómez Ramírez militó en
el Partido Comunista sólo hasta 1988 por divergencias, la línea
editorial no tiene partido político. Es bastante flexible y tiene
como premisa ser enemigos de todo aquel que atente contra los derechos
más antiguos del ser humano como la libertad, la injusticia o la
igualdad. Se consideran pluralistas y como línea editorial, estiman
que la sociedad chilena es un arco iris de colores y su tarea es
luchar porque los colores más fuertes, más hermosos, primen por
sobre los colores grises y oscuros y que, a la vez, puedan convivir
porque son parte de este arcoiris.
La
utopía de un diario "libre pensamiento" que aún no ha
quebrado, es posible gracias a que existe la imprenta de la cual
Gómez Ramírez es el dueño (desde donde se saca parte del dinero
para la distribución del diario), lo que no lo ata a ningún interés
económico, político partidario y de ninguna especie, nada más que
a su historia, su experiencia y a las enseñanzas que le entregó
su padre. Segundo, porque existen colaboradores (que no trabajan
en ningún medio) que están dispuestos a entregar su tiempo, sin
pensar en lo que van a recibir sino en cuanto van a aportar para
hacer un Chile mejor.
La
Clínica independiente
Era
noviembre de 1998 y un día se juntó un grupo de amigos con Patricio
Fernández a la cabeza, Roberto Brodsky,
Rafael Gumucio, y Pablo Azócar. Ellos tenían la idea de hacer
algo como un pasquín que se riera de los medios de comunicación
y de la contingencia. Era la época de la pre campaña presidencial
de Ricardo Lagos, y fue
justo ahí cuando Pinochet cayó preso, entonces a este grupo, que
ya tenía todo casi listo, no les pareció nada mejor que ocupar el
nombre del lugar en donde estaba detenido el ex dictador. Pero de
aquel momento no sólo tomó el nombre sino también el tono, “nació
porque teníamos ganas de decir huevadas” dice Patricio Fernández.
Pero,
esto era parte de muchas cosas relacionadas con Lagos, que, por
supuesto, a medida que pasaba el tiempo y que
The Clinic iba tomando forma, comenzó a molestar a la gente
del comando. Por eso se independizó rápidamente. Y después, cuando
por la independencia, no había plata para parar este mono, Fernández
junto a Pablo Dittborn pusieron un millón de pesos cada uno. De
ahí en adelante, aseguran sus fundadores que no se han insertado
dineros ajenos a las ventas. The Clinic, como ningún medio en la
actualidad se mantiene gracias al tiraje.
La
idea ahora es que el periódico se instale como una empresa autónoma:
que tenga más gente trabajando adentro, que aumente las páginas,
que tenga más contenido
y eso significa, según las palabras del director: ser solventes
como empresa. Cosa que parece
posible ya que se están vendiendo avisos más que antes, por ejemplo,
por primera vez se vende un aviso a color para el número cincuenta.
“A
The Clinic, en el futuro, hay que darle nuevos aires, meterle
más periodismo y menos chistes. Aunque la gracia del diario es que
uno no sabe para donde va, el hecho del caos es característico de
nosotros. A veces hay agotamiento, hay tedio. Pueden pasar dos cosas,
una es que nos vayamos a la mierda y la otra, que nos transformemos
en un diario importante”, dice el editor Guillermo Hidalgo.
A
juzgar por el tiraje (43.000 números) se puede deducir que este
periódico tiene buena acogida, según Hidalgo, en distintos sectores
de la población. Por eso hay muchos proyectos, pero antes “hay que
ponerle más pino a esto”, recalca Fernández.
El
regreso del Noreste
Diario
Noreste es un experimento de narración poética y crítica del mundo
común y corriente. Alejado de la perspectiva periodística en tanto
objetividad y datos, aborda cada tema desde la opinión emotiva de
sus autores. Reflotado en marzo del 2000 después de cerca de 30
números a finales de la década del ’80, el proyecto actual está a cargo de Santiago Elordi y Cristián Warnken, ambos más ligados al mundo
de la crítica literaria y cinematográfica que al periodismo.
De
frecuencia mensual, cuenta con 28 páginas gruesas a blanco y negro
(excepto por las inserciones comerciales a todo color semejantes
a avisos de auspiciadores), cuesta 500 pesos en su versión de papel
que se complementa con una página web (www.diarionoreste.cl) dirigida a un
público latinoamericano.
Bajo
el epígrafe “La vida Peligrosa” y un viejo Cadillac como símbolo,
la mezcla de titulares al puro estilo sensacionalista para textos
bien escritos, sinceros, más cercanos al cuento, la crónica
literaria o el comentario, crea una mezcla interesante en
la que se enlaza el ideal poético que persigue el diario con lo
cotidiano. La mundanidad de la prensa roja presta sólo su imagen
para un medio enfocado a la reflexión.
La
mayoría de los artículos están hechos por los directores (Elordi
y Warnken) a los que se suman varias colaboraciones. Claramente,
no es un medio tradicional para el periodismo y podría asomarse
también como revista literaria, apuesta cancelada por el formato
propuesto. Sin embargo, hay una invitación abierta a participar
en él (colaboraciones poéticas le dicen) para cualquiera que se
interese mientras haya algo que decir y encaje en la entonación
propuesta. De esta forma, Noreste no es un medio que aspire al periodismo
tradicional o profundo, sino una forma de llevar visiones y sensaciones
de la realidad a la calle.
Curiosamente,
pese a definirse como bardos de una vida peligrosa, la acidez del
diario refleja más bien una vida acomodada, en la que los problemas
de Américalatina se discuten en un café parisino y lo atrasado de
la educación chilena se conversa con whisky en el vigésimo piso
de un edificio en el barrio alto de la capital. La vida peligrosa
se ve como esas pequeñas luces desde el balcón del apartamento,
subyugantes e hipnóticas para teorizar, con mucho brillo en ellas
mismas y poca iluminación a su alrededor.
Foto:
El Mercurio
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