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Por: Andrea Sánchez Riadi

Funerarias del barrio Matucana

“Su muerte es mi salario”

Funerarias del barrio Matucana

Vista de algunas Funerarias del Barrio Matucana

Fuente: Andrea Sánchez Riadi

 
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Instituto Nacional de Estadísticas
Gobierno Regional Metropolitano de Santiago

El barrio Matucana se conoce por ser un nuevo punto nodal de consumo cultural. Pero esa no es la única actividad que lo caracteriza.

Al norte de la Quinta Normal se extienden cuadras salpicadas de numerosas empresas dedicadas a un rubro silente, casi mantenido en secreto: el de las funerarias.

Es de sabiduría popular que lo único seguro en la vida es la muerte. Y como en todas las sociedades humanas, el fallecimiento de un individuo es un momento particular que acopla las dimensiones espiritual, ritual y emocional del grupo al cual pertenece el difunto.

La nuestra es una sociedad fundada sobre la base del consumo y la economía de mercado, por lo que la dimensión comercial también atraviesa el término de la vida. Todo se compra, todo se vende, y mientras exista una demanda de urnas y servicios mortuorios, existirá una oferta para satisfacerla.

Por esto, las empresas que proveen servicios funerarios se van, literalmente, a la segura. Su existencia está determinada por ese acontecimiento ineluctable del cual, sin embargo, poco y nada se sabe.

En Chile, la industria fúnebre parece estar recubierta por una densa bruma. No obstante, la investigación que realizó The Moroso puede determinar que, en general y salvo contadas excepciones, se trata de empresas de tipo familiar, de diversos tamaños, donde aún se utilizan métodos artesanales para la fabricación de urnas y que presentan grandes dificultades para incorporar nuevas tecnologías, frenando la modernización del sector.

La gran excepción a este fenómeno es la funeraria del Hogar de Cristo, que capta las capas económicamente más acomodadas del país y que, contrariamente a lo que piensa la mayoría, ya no forma parte de la institución caritativa de mismo nombre.

Esta empresa de servicios fúnebres es la más importante del rubro, y en consecuencia, la competencia más amenazante. Los deudos prefieren comprar el servicio de esta funeraria, aunque sea más caro, convencidos que con ese acto contribuyen a alguna obra social.

La marca y la imagen del Padre Hurtado los induce a error, porque la funeraria Hogar de Cristo es administrada en la actualidad por la transnacional Service Corporation International, S.C.I. Ltda., que paga un pequeño porcentaje a la institución por el uso de su nombre, el mejor gancho.

El desconocimiento de este hecho causa enormes perjuicios al resto, porque las funerarias familiares a menudo son discriminadas o descartadas como alternativa, por tratarse de empresas declaradamente privadas y con fines de lucro.

De la muerte, vivo

El barrio Matucana ha sufrido grandes transformaciones, pero ninguna de ellas toca el sector al norte de Santo Domingo. Al otro lado, hacia la Alameda, está la Quinta Normal, el Museo Nacional de Historia Natural, el Centro Cultural Matucana 100, la recientemente inaugurada Biblioteca de Santiago, el Museo Pedagógico de Chile, por mencionar algunos.

Sin duda se transformó en un gran centro cultural de la ciudad. No obstante, también es un centro de la actividad mortuoria. Una de las funerarias más antiguas del barrio -y de las más grandes dado que fabrica sus propios ataúdes y cuenta con distintas sucursales en Santiago y en regiones- es la Empresa Funeraria Cristo Redentor.

Se trata de una empresa familiar fundada hace 34 años por el aún vivo, Guillermo Zúñiga Yenaci. Él era un inspector de la Municipalidad de Santiago que vivía en el sector de Ricardo Cumming, hasta que un día, junto a un amigo, se le ocurrió la idea de instalarse con un taller en que se armaran urnas. Al tiempo, el taller se hizo fábrica, después funeraria y así, hasta consolidarse en la empresa que son hoy: una de las pocas que cuentan con clientes de Arica a Puerto Natales.

En la sucursal de Matucana 692 la cara visible es su ejecutivo de ventas, Pedro Fuentealba. Él es administrador de empresas de profesión, casado hace 31 años y hace tres que la mala fortuna en los negocios lo llevó a trabajar ahí.

Fuentealba conversó con The Moroso y confesó no estar contento. No porque tenga problemas trabajando cara a cara con la muerte, sino por las condiciones de trabajo. Las empresas fúnebres atienden de lunes a sábado, incluyendo festivos, y sólo le pagan un sueldo base de 128 mil pesos, líquido, más un 5% de comisión por venta. “Muy poco para tantas horas de trabajo, considerando que aquí hay que hacer de todo”, dice el vendedor.

Pero él trata de arreglárselas, y si tiene suerte, llegará algún cliente que no cuente con un sitio en ningún cementerio. Así, Fuentealba podrá completar con una comisión de cien mil pesos, por recomendar ciertos cementerios parque…

Funerarias del barrio Matucana

Matucana, esquina con Santo Domingo, la frontera entre la cultura y la muerte

Fuente: Andrea Sánchez Riadi

¿Funerarias, para qué?

La propiedad privada, probablemente sea la figura más importante para esta cultura, y en ese contexto, nos fijamos como meta ser los dueños de una morada durante la vida, además de contar con otra en el cementerio.

Pero si usted cree que con eso basta, está equivocado. Entre medio existe un proceso ritual que incluye el velorio, y otro legal, que se tramita en órganos administrativos especialmente designados para tales tareas.

Ahí es donde actúan las empresas fúnebres. El servicio mortuorio, después de firmar el contrato, consiste básicamente en ir a buscar al difunto, traerlo a la funeraria, maquillarlo y apostarlo dentro de la urna que posteriormente se suelda.

Luego, se transporta el féretro al lugar del velorio que determine la familia y se instalan los cirios o faroles si el punto de velación no cuenta con los implementos. Después se proporciona una carroza y en ocasiones, dependiendo del contrato concertado, vehículos adicionales para el transporte del difunto y deudos durante la procesión hasta el cementerio. Todo esto finaliza con el transporte de los familiares de vuelta a sus casas.

Pueden solicitarse otros servicios, como el agradecimiento a los pésames, contratación de coros, mariachi –una de las especialidades de la Funeraria Cristo Redentor-, servicios de cafetería, etc. El velorio también es al gusto del consumidor.

Con el certificado de defunción del Registro Civil y la cédula de identidad del requirente en mano, estas empresas llevan a cabo toda la tramitación legal necesaria. Así, se encargan de inscribir a los parientes del fallecido, obtener el certificado de inyección conservadora, cobrar cuotas mortuorias en el Instituto de Normalización Previsional (INP) –salvo para exonerados y personas con pensiones de gracia, porque no cuentan con este beneficio-, seguros, y otros.

Si fuese necesario trasladar el cuerpo fuera de la ciudad, ellos consiguen la autorización para el traslado, además del pase de sepultación. Si hay que traerlo desde afuera o llevarlo al extranjero, también cuentan con convenios con determinadas líneas aéreas para realizar los viajes póstumos.

Las circunstancias de la muerte pueden volver todo el proceso en algo cada vez más complicado. Pero con una pérdida tan emotiva, el servicio dela funeraria se convierte en una ayuda importante, pues ellos son los que ponen la “mente fría”.

Los precios del barrio

“Como te ves, me vi. Como me ves, te verás.” Esa inscripción del osario de la Iglesia de Santa María, en Valladolid, España, y que alguna vez vimos rescrita en nuestro Cementerio General, hiela el tuétano. Si se repite tanto alrededor de las exequias que se consuman en el mundo, probablemente sea porque encierra una verdad que no queremos conocer.

Es bueno que sepa que el INP otorga una cuota mortuoria de 248.667 pesos. Ésta alcanza para un servicio funerario básico completo, que las funerarias del barrio Matucana ofrecen y que todas esas empresas debieran ofrecer. Se trata de un féretro de madera de pino, forrado con una tela felpuda que viene en color verde y gris.

Los precios del mercado son variables. No hay que olvidar que se trata de comerciantes, y la falta de regulación en el rubro hace que los precios entre una y otra fluctúen bastante. En general, los vendedores intentarán que los clientes compren algo más caro que el servicio básico y propondrán distintas alternativas según lo que la persona les inspire.

Lo que sigue al servicio funerario básico es lo que se denomina la “línea plana”, también de pino, pero barnizado y tallado por 30 mil pesos adicionales. Las urnas de pino oregón americano y raulí se cotizan alrededor de los 900 mil pesos. También se pueden mandar a hacer según el gusto de cada quien, sea el difunto muy alto, o muy chico, obeso o infante; le gusten los santitos en el interior o no, los crucifijos de bronce, madera o calados; traigan imágenes de Jesús, la Virgen o la Última Cena.

En el barrio, encontrará servicios que van desde la cuota mortuoria hasta el millón de pesos, aproximadamente. Las funerarias de Matucana ofrecen facilidades de pago de hasta seis meses y precios “conversables”. Como en toda actividad económica, la fuerte competencia del rubro lo beneficia por cuanto le prometerán grandes descuentos, incluso por firmar contratos con antelación a la muerte del enfermo.

Funerarias del barrio Matucana

Todas las funerarias del barrio Matucana cuentan con un mostrario de féretros que Ud. puede examinar sin compromiso. Hay distintos precios para distintos tipos de urnas

Fuente: Andrea Sánchez Riadi

Un Mercado de Muerte

Aunque suene macabro, las funerarias –además de los cementerios- son las únicas que se beneficiarían con un aumento en la tasa de mortalidad de la población. Para ellos significaría más clientes y mejores ingresos.

De acuerdo a las cifras publicadas en el último "Anuario Estadísticas de Natalidad y Mortalidad 2003" que forma parte de las “Estadísticas Vitales 2003”, elaboradas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) en base al cruce de información entre el censo 2002 y los aportes del Ministerio de Salud y el Registro Civil, la tasa bruta de mortalidad de 2003 es de 5,3 por mil habitantes.

Si la Región Metropolitana cuenta con una población estimada de aproximadamente seis millones y medio de habitantes, y si consideramos la tasa de mortalidad antes señalada, el número total de personas fallecidas durante un año ascendería a alrededor de 34.500 en la región.

No es un mercado grande, pero sí muy competitivo para las poco más de cien empresas dedicadas al rubro en la región. Esta característica, precisamente, es la que provoca la emergencia de un personaje sin escrúpulos para muchos, que agudiza la corrupción del medio que reúne a las funerarias y al Instituto Médico Legal: se trata del “buitre”.

Estas personas, apodadas como el animal carroñero, son los encargados de tejer redes de influencias deshonestas dentro de los principales establecimientos que cuentan con “cuerpos recién muertos”.

Ellos son los primeros en tener contacto con la familia del difunto, los estafan e influyen en sus decisiones aprovechándose del difícil momento que atraviesa la familia, para que contraten los servicios de la funeraria para la cual trabajan.

Con esto, ellos se perciben aproximadamente el 30% de la venta, de acuerdo a la información que The Moroso recopiló y que manejan las funerarias del barrio Matucana. Monto que, por supuesto absorben los deudos.

Y aunque se sabe que no son pocos, ninguna funeraria reconoce recurrir a ellos. Al menos, utilizar a los “buitres” va en absoluta contradicción con la declaración de principios de la Asociación Nacional de Dueños de Funerarias de Chile (Agrenaf).

El presidente de esta asociación, Manuel Pavez, tuvo la iniciativa de realizar la primera expo-funeraria, que no solo tenía por objetivo mostrar la evolución del servicio, sino que también, dar a conocer las firmas que aplican métodos serios y confiables.