|
M
I C R O E M P R E S A
|
||||||
|
||||||
|
Por Pablo Aburto y Leonardo Ríos
|
||||||
|
MTV, el canal del videoclip, fue el siguiente paso. Hoy, cantantes como Britney Spears o Christina Aguilera son connaturales a la cultura pop, caras de un show business tan trivial como cotidiano. Música comercial y desechable, un producto controlado por las grandes compañías como Warner o BMG, que utilizan monstruosas campañas de marketing y convenios para promocionar sus productos en la radio y televisión. No obstante, en los últimos años el dorado panorama de las disqueras se ha visto desestabilizado. La irrupción masiva del pirateo digital y los mp3's en la web han quebrado los nervios de los ejecutivos y han condicionado a readaptar (aunque mínimamente) las políticas de venta. Es este excesivo mercantilismo el que ha provocado la reacción de algunos. La ética que implica mantener relacionado de una manera más íntima y honesta el quehacer artístico y su difusión, ha sido un pilar del surgimiento de los sellos discográficos independientes. Iniciativas nacidas particularmente de la mano de los sectores más contestatarios de la cultura hippie, el folk y la “canción de protesta”, y posteriormente del punk, el post-punk, y otras propuestas de discurso anticomercial y crítico. Estas instancias autogestionadas, surgidas en torno a la amistad y los gustos musicales compartidos de grupos pequeños, se han ido multiplicando en el último tiempo y en distintas regiones del mundo. Tras las huellas señeras de etiquetas como Rough Trade, Mute, SST, Bomp y Touch&Go, reconocidas son las experiencias de sellos como Merge, Luaka Bop y Matador. “No buscamos ninguna cosa específica, excepto la verdad, la belleza, el consuelo, el refugio, etc. El gusto musical es una cosa graciosa”, reza la declaración de principios de esta última compañía, que, con pocos recursos y una silenciosa promoción –basada principalmente en el boca a boca y posteriormente internet– ha editado artistas de la talla de Yo la Tengo, Mogwai y Jon Spencer Blues Explosion, quienes, a pesar de no tener ventas multimillonarias, se han dado maña para tocar y hacerse de un público fiel en países tan alejados como Chile. Do It Yourself (apechugando con lo propio) Si obviamos los casos de Dicap durante el gobierno de la Unidad Popular y de Alerce durante la dictadura, la extensión del fenómeno en el país es un fenómeno bastante reciente. Pero ahora nombres no faltan: Quema Su Cabeza, Big Sur, Masapunk, Ojo de Apolo, Mundovivo, Bolchevique y la Corporación Fonográfica Autónoma (CFA) son algunas de las entidades independientes que han ido proliferando en los últimos años. La CFA es uno de los ejemplos paradigmáticos de estas agrupaciones. El origen de la franquicia se remonta a cerca de 8 años atrás, a manos de tres bandas de rock amigas: Fiskales Ad Hok, Políticos Muertos y Supersordo. La primera venía saliendo de malas experiencias con el subsello Culebra, perteneciente a BMG, mientras que las otras dos se habían movido en un ámbito radicalmente independiente, con escasa difusión y producciones cuasi artesanales. El conocer de cerca los vicios del mercado discográfico les dio propiedad para criticar su gestión y plantear una alternativa. De ser sólo músicos, pasarían a ser gestores y difusores de su propio arte, con las implicancias ético-políticas que conlleva. Es en septiembre de 1997, con escasos medios, el proyecto se lanza a la luz pública con la edición del compilado “Corporación Fonográfica Autónoma I”, en el cual, además de las tres bandas mencionadas, participaron con distintos cortes Desenlace Fatal, La Mosca Travesti, Insuficiencia Radial y Vadca. La placa primigenia tuvo un tiraje de mil cassettes y la misma cifra de discos compactos. El empujón económico inicial estuvo a cargo de Dennis Dañobeitía, que personifica lo que suele llamarse coloquialmente el “socio capitalista”. Dañobeitía llegó a relacionarse con los Fiskales gracias a su hermanastro que tocó un tiempo con ellos. Influido por la ética alternativa de la banda hippie Grateful Dead, vio en el espíritu independiente del punk rock una manifestación similar, por lo que a partir de entonces y hasta hoy ha apoyado financiera y administrativamente la gestión de la discográfica, retroalimentada por la constante reinversión de las ganancias generadas.
Su lugar físico y centro de operaciones se encuentra en una casa del cité de Carrera 550, viejo barrio del centro de Santiago. En ella operan además un estudio de grabación y una sala de ensayo, además de ser el hogar de Rubén Urzúa, más conocido como Roly, bajista de los Fiskales y cabecilla visible (que no oficial) del sello. Si bien la iniciativa se desligaba de las grandes casas discográficas, situándose al margen de la burocracia de los medios establecidos, la idea principal fue más bien la de abrir un espacio para grabar y difundir los sonidos de las agrupaciones musicales fundadoras, estrechamente unidas por lazos de amistad. De ahí a la necesidad de encarar la actividad artística de manera autogestionada, a escala humana, había un paso… y mucho de voluntad. En palabras de Roly a The Moroso: “se trata de mantener la independencia para no tener que sacrificar una vida, como le ha pasado a tantos amigos que han tenido que dejar lo que aman. Además los sellos grandes no se preocupan de los grupos alternativos, o sea si no vendes más de 10 mil copias no les interesa. En cambio, trabajando en forma independiente te llevas un mayor porcentaje y ganas más plata vendiendo 3 mil discos”. Y en palabras de Álvaro España, vocalista de la misma banda: “se trabaja mucho más, pero es más sano porque hay que promocionarse, grabar y hacerlo todo. Eso va mucho más de la mano con la actitud de obrero que el que se sienta y espera que el sello le haga todo el trabajo. Así se envicia menos el asunto y va más acorde con nuestro mensaje, de vivir al margen y autogestionarse”. Vivir al margen, como plantea España, es una postura acorde con el espíritu punk del “hazlo tú mismo” y compartida por los participantes de la CFA. Como señaló Urzúa, se trata de un impulso esencialmente romántico, pero no utópico: están llevando a cabo lo que tienen a mano para vivir acorde a sus valores, generando una verdadera ética.
Es que la CFA funciona como un pequeño grupo de personas unidas por lazos de amistad; donde las decisiones se discuten y toman de manera naturalmente horizontal y asamblearia, sin comitiva direccional organizada ni jerárquica, si no centrada en liderazgos y responsabilidades tan naturales como compartidas. Asimismo,
no existen contratos firmados, más bien palabras y acuerdos entre
caballeros. La CFA es un espacio abierto para una infinidad de grupos
que cuentan con una serie de dificultades y limitantes económicas
para grabar y difundirse. Roly especifica: “las bandas pueden
grabar sus discos sin un contrato encima que las amarre. Nadie milita
en la Corporación Fonográfica, un grupo puede sacar un
disco con el sello y el próximo por otro lado y no hay problema”. El Vil Dinero y la Piratería Por cierto, otra de las ventajas de las casas independientes es el menor costo de sus producciones. Al hacer a un lado las grandes campañas de marketing y contar con un personal mínimo, los compactos por ejemplo, raramente superan los seis mil pesos en los locales de venta y pueden costar hasta dos mil pesos menos si se consiguen directamente de sus gestores. Un elemento de vital importancia, la distribución, aún se encuentra entre los proyectos del sello, ya que no cuentan con una red propia y se trata de una labor trabajosa y complicada. La conformación de una distribuidora redundaría en una baja del precio de los discos, al evitarse el boleteo entre el sello, los distribuidores y los puestos de venta. Una circunstancia que hoy por hoy sólo se da en casos limitados, como la oferta directa en ferias efectuadas al interior de los recitales de las bandas involucradas o de otras agrupaciones amigas. Y
la piratería, que aterra a las grandes disqueras, no es un problema
ajeno, aunque creen poder manejarlo mejor. Roly explica: “claro,
cuando te metís en esto de la autonomía, uno se encuentra
con más cosas que hacer. Por ejemplo, nosotros hicimos el sello
y de inmediato pensamos en el estudio, que nos costó tres años
tenerlo. Ahora por lo de la piratería, estamos pensando en las
tiendas de música. Es lógico que si vendís más
barato no lo van a piratear, porque saben que con una luca más
vas a tener el original, con fotos y carátula”.
Sitios relacionados
|
||||||
|
|
||||||