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C
O N S U M I D O R E S
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Iván Falcón y Marco Braghetto
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| El negocio de los supermercados está que arde. Modificaciones en la propiedad de las empresas, guerras de precios, aperturas a la bolsa, incrementos de capital, presión de las autoridades antimonopolios y el ingreso de un nuevo actor (Falabella), fueron sólo algunos de los grandes sismos que tuvo el rubro en los últimos doce meses. De hecho, en poco más de un año, los dos mayores operadores del sector, Cencosud (consorcio que tiene como filiales a Jumbo, Santa Isabel y Las Brisas) y D&S (Líder), aumentaron fuertemente su importancia dentro del mercado. En conjunto, acaparan el 55% de las ventas totales del segmento, gracias a la adquisición de otras compañías y un agresivo despliegue de publicitario. Por ejemplo, la matriz del grupo Paulmann, Cencosud, más que duplicó su peso en este segmento. Pasó de tener una participación del 10%, en agosto de 2003 con su cadena Jumbo, hasta alcanzar el 22% en la actualidad, tras la compra de Santa Isabel y Las Brisas. Claro que para lograrlo no se escatimaron esfuerzos. El consorcio destinó 122 millones de dólares para quedarse con ambas firmas, que le permitieron sumar 90 locales a su red de hipermercados. Ese porcentaje aumentará notoriamente, luego de anunciarse la obtención de Montecarlo, en septiembre último. Vale decir que la ex empresa de la familia Cantergani tiene ventas por sobre los 168 millones de dólares anuales. Au Revoir Frente a esta arremetida, D&S no se quedó atrás. La compañía controlada por la familia Ibáñez empezó el 2004 sorprendiendo al mercado con la apropiación de Carrefour. La empresa invirtió 124 millones de dólares en adquirir los siete locales que la multinacional francesa tenía en el país. Esto le permitió tomar casi un tercio de las ventas netas del sector. En ese momento, en D&S se pensó que era la mejor forma para frenar el ingreso de otro actor: Falabella. Sin embargo, no se lograron frenar los intereses de la multitienda. A comienzos de agosto, se anunció la compra del 88% de la propiedad de los supermercados San Francisco, por 62,5 millones de dólares.
La tarjeta CMR vuelve a Falabella más competitiva. Con cerca de 2,5 millones de clientes activos, pretende ahora ser un instrumento para pagar también la boleta del supermercado. Puede disminuir el precio de los productos, pero compensar con los intereses que le reportan los créditos utilizados para adquirir estos bienes. En el mercado se sospecha que con el nuevo agente, el escenario se va a poner más interesante. De hecho, D&S está invirtiendo 100 millones de dólares adicionales este año para crecer vía aperturas. Las próximas inauguraciones serán en Temuco, Punta Arenas, La Florida y Talagante. Pero también D&S quiere ampliar su presencia en otros rubros. Ya se ha anunciado la intención de construir centros comerciales propios, invertir en el negocio de la salud y, sobre todo, potenciar Presto, la tarjeta de crédito de Líder. Y ahora, ¿quién podrá defendernos? La arremetida de los grandes grupos da para preguntarse si la industria terminará como la de las farmacias, donde Ahumada, SalcoBrand y Cruz Verde controlan más del 90% del mercado. Algo de esto ya había olfateado el fiscal nacional económico, Pedro Mattar, quien criticó a las cadenas por realizar prácticas que, a su juicio, atentan contra la libre competencia. Todo ello, tras una larga investigación que partió con una acusación de los grandes proveedores agrupados en AGIP, en 2000. La denuncia incluyó acusaciones de copia de marcas propias, cambios unilaterales en los plazos de los pagos y ventas bajo el costo, entre otras. Además, Mattar pidió al Tribunal de la Libre Competencia que les ordene dejar de efectuar este tipo de procedimientos y crear un código de autorregulación junto a los fabricantes, que ya está en estudio por parte de la Asociación Gremial de Supermercados (Asach). Por ahora, la respuesta la tendrá el Tribunal Antimonopolios, que en octubre próximo emitirá un fallo definitivo. Mientras tanto, almaceneros y pequeños supermercados se encuentran preocupados por la posible fagocitación de su mercado en manos de D&S y Cencosud. “El manejo de precios ha llevado a muchos locales a la quiebra. Para ellos, competir con esos monstruos es imposible”, señaló a The Moroso Oscar Flores, director de la Corporación Nacional de Consumidores y Usuarios (Conadecus). Hoy existen tres cadenas pequeñas, que son de un tamaño parecido al de San Francisco. La primera de ellas es Montserrat, también vinculada a una familia, los Bada. Una segunda es Unimarc, de propiedad de Francisco Javier Errázuriz. Finalmente se encuentra Rendic, negocio que se extiende en la Tercera y Cuarta regiones. Aldo González, académico del departamento de Economía de la Universidad de Chile, señaló a ThM que la existencia de dos o tres grandes cadenas “no es necesariamente una mala señal, sino que puede ser una situación transitoria, como lo que ocurrió al comienzo con los carriers”. Sin embargo, Benjamín Errázuriz, de Fit Research, explicó a ThM que "los chicos tendrán que ser muy eficientes en la conducción de sus gastos, de otra manera, no les quedaría mucho tiempo de vida". Winners and losers Ya sea por ineficiencias propias o por la competencia con otros actores del negocio de los supermercados, que mueve unos 4 mil 500 millones de dólares al año, lo cierto es que varios pequeños ya han perdido en medio de esta guerra entre colosos. La cadena de supermercados Azul, de la I Región -del empresario Ricardo Dueñas-, cerró el año pasado siete de sus ocho tiendas. Sólo continuó el punto de venta más pequeño, que opera su hijo José Luis bajo el nombre de Las Palmas. Supermercados Acuarela, en tanto, que manejaba seis locales en distintas ciudades de la IX Región, cerró todos sus recintos. Algo similar vivió Egas, del diputado Carlos Hidalgo. Primero vendió tres establecimientos y luego se fue a la quiebra con otros cinco negocios en Santiago y la V Región. El
punto para frenar la posible concentración es que un aumento
de la competencia traería consecuencias positivas para el consumidor.
Hay un efecto directo producido por los menores precios que pretenden
atraer a los compradores o bien la obtención de una mejor calidad
a valores que de otro modo serían más costosos. Segmentos
económicos que no pueden conseguir créditos con los bancos
tradicionales y de la clase media también ganan al lograrlo con
tarjetas ligadas a los supermercados.
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