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M
E D I O A M B I E N T E
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Jorge Araos
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El
invierno ha llegado, también los problemas de ventilación
en la cuenca de Santiago. La mañana amanece fría. Una
densa niebla cubre por completo el cielo. Los ojos pican y el aire se
respira con mayor dificultad. Los hospitales y consultorios de la capital
se comienzan a repletar de niños, ancianos y de personas que
padecen enfermedades respiratorias. Es lunes 19 de mayo. Hay pre-emergencia
ambiental, la cuarta del año. Ya en agosto de 1996, bajo la presidencia de Eduardo Frei, se dictó el Decreto Supremo que declaraba a la Región Metropolitana como zona saturada por partículas en suspensión, tales como polvo o material particulado (MP10), Ozono y Monóxido de Carbono. El primero es el resultado de la tierra que se deposita en calles y veredas, que luego es levantada por el paso de los automóviles. El resto son subproductos de la combustión de la bencina, el petróleo y otros combustibles. Ocho estaciones existen para vigilar la cantidad de estos materiales presentes en el aire. Las que están ubicadas en zonas periféricas son las que, generalmente, indican los más altos índices de contaminación. Alerta, pre-emergencia y emergencia. Ese es el orden del problema que aún no se soluciona. De todos modos, el Servicio de Salud Metropolitano del Ambiente -SESMA- muestra, a través de su sitio web corporativo, resultados que muestran ciertos avances. Estos indican que entre 1999 y 2000 las pre-emergencias disminuyeron de 14 a 11. Todo un logro, como para estar confiados en un futuro mejor y en que las cosas se han hecho bien. El problema viene si comparamos los números de 2003, donde se puede apreciar que no es tan así. En lo que va del año se han producido cuatro pre-emergencias ambientales, tres más que en el 2002. Respecto a la última, del 19 de mayo, el que se decretara pre-emergencia un día lunes es "histórico", señala la especialista de la Universidad de Chile, Maureen Amin. Según la meteoróloga, ello nunca había sucedido antes porque generalmente los índices de contaminación bajan durante el sábado y domingo. Ello no sucedió, y la calidad del aire continuó de mal en peor. Las autoridades se vieron obligadas a tomar cartas en el asunto. La medida, sin embargo, no duró mucho. La Intendencia Metropolitana la suspendió al día pues la lluvia del día siguiente mejoraría las condiciones. No por nada siempre es bien recibida en estos episodios. Así, el aire se limpió un poco y permitió respirar mejor. Y no sólo eso, evitó que se siguieran perdiendo recursos. Sí, porque aparte de los costos en salud, la contaminación también genera pérdidas económicas, pues obliga a la paralización de más de 900 industrias. Debido a lo anterior, en días de pre-emergencia la productividad es menor. Según un estudio de la CONAMA Metropolitana, por dicho concepto se dejan de percibir unos mil 37 millones de pesos diarios. Y considerando que este año se han decretado cuatro, las pérdidas sobrepasan los 4 mil millones. Sin embargo, el mismo documento indica que los beneficios cuantificables que resultan de tomar la medida alcanza los 3 mil 410 millones, que derivan del ahorro en tiempos de viaje, consumo de combustible y efectos en la salud. Así las cosas, la sumatoria costo-beneficio sería de unos 2 mil 372 millones de pesos a favor, plantean en el organismo estatal. Y según los mismos cálculos, en definitiva no se perdería dinero por decretar medidas ambientales que restringen la utilización de algunos medios de transporte y el funcionamiento de fábricas. Pero las cuentas no son positivas para la organización que agrupa a los empresarios industriales. A través de su gerencia de asuntos públicos, la Sociedad de Fomento Fabril -Sofofa- indica que la paralización de industrias por medidas ambientales incide directamente en el Producto Interno Bruto -PIB- del país. Para fundamentar dicha afirmación, citan un informe del Instituto Libertad y Desarrollo que afirma que en el trimestre abril-junio del 2002, por motivos de alerta y pre-emergencia ambiental, se descontó 0,17 por ciento del PIB del mencionado período. Pérdidas que no sólo perjudican la economía de la región, sino que de todo el país. Y es que Santiago, pese a poseer una superficie de sólo 15.400 kms2 -la más baja de todo Chile- su población sobrepasa los 6 millones de habitantes, concentrando el 40 % de la población total de la nación. Un diagnóstico para hoy La anterior es una cifra que está directamente relacionada con la cantidad de desplazamientos que se realizan en el Gran Santiago. En la CONAMA calculan que son alrededor de 8,4 millones de viajes diarios, principalmente en medios de transporte motorizados. Del total de éstos, un 17 por ciento se efectúa en transporte privado, el 53 por ciento en transporte público, el 20 por ciento a pie y el 10 por ciento restante en otros medios, como bicicletas y motos. Una investigación de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión de Planificación en Infraestructura de Transporte -SECTRA- muestra que una gran parte de los viajes se realizan por motivo de estudio, preferentemente entre las 7:30 y las 8 horas, y en menor cantidad entre las 13 y las 14:30 horas. Por trabajo, en tanto, se concentran entre las 6:30 y las 9:30 horas y entre las 17:30 y las 21:00. Ambos propósitos constituyen más del 60 por ciento del total de viajes. El mismo estudio concluye que la expansión horizontal de Santiago genera efectos negativos sobre el sistema de transporte, lo que incide fuertemente en el nivel de contaminación atmosférica. Y que los principales problemas del transporte en la ciudad lo constituyen la concentración horaria y espacial de los viajes, y la mala calidad del servicio de transporte público, lo que fomenta la posesión y uso del automóvil particular. Soluciones para ahorrar dinero Para la meteoróloga del Centro Nacional del Medio Ambiente -CENMA- de la Universidad de Chile, Maureen Amin, la solución está en que exista una política de Estado centrada en mejorar la calidad de los combustibles, crear nuevos pulmones verdes y nuevas vías de transporte y, sobre todo, diseñar estrategias educativas que den cuenta de la relevancia de vivir en una ciudad libre de contaminantes. El urbanista de la Universidad de Santiago, Jonás Figueroa, cree que se ha planificado mal el crecimiento de la ciudad, porque ha primado la política de "una sola calle". Al respecto, indica que se deben aumentar las vías alternativas a las grandes arterias de transporte de la capital, como lo son la Alameda, La Gran Avenida y Vicuña Mackena. De esta forma, cree, se disminuirían los problemas de congestión. Otro de los problemas estructurales en el diseño de Santiago está dado por su forma de crecimiento. "Demasiado extensiva", dice el profesional. Eso hace que los desplazamientos sean demasiado largos. Si bien las soluciones
que se pueden implementar y las que se están llevando a efecto
resultan costosas en el corto plazo, en el futuro permitirán
ahorrar recursos que hoy se gastan debido a la contaminación.
Y lo más importante, podrá ser una medida definitiva para
que más de la mitad de los chilenos vivan en un ambiente sano
y libre de contaminación, tal como reza la olvidada declaración
internacional de los derechos humanos. |
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