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- La situación tiende a componerse y la calma se impone con la llegada del rey depuesto hace treinta años y el establecimiento de asambleas locales que buscan una salida democrática a este desafortunado trance histórico. Por Marco Braghetto y Carlos Castillo |
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INTERNACIONAL
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Movimientos contrarios al sistema neoliberal imperante en gran parte del mundo han crecido notablemente en número y organización, logrando encender el debate acerca de las desventajas de la globalización. Por
Constanza Donoso M. |
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Semejante susceptibilidad se debe al generalizado ambiente de temor frente a un posible nuevo atentado terrorista, similar al de Estados Unidos. Pero estos niveles de paranoia en el mundo occidental, ocasionados más bien por la exageración de los medios de comunicación a la hora de tratar el tema, son seguramente menores a los que sufre el pueblo afgano, que efectivamente tiene verdaderos motivos para sentirse inseguro. Apenas se advirtió el carácter terrorista de los hechos del 11 de septiembre, todas las miradas apuntaron al caudillo musulmán Osama Bin Laden y a su grupo fundamentalista Al-Qaeda. Desde entonces, Estados Unidos y sus aliados en la llamada "cruzada antiterrorista" comenzaron a planificar la que luego sería una de las guerras más sui géneris de la historia: las principales potencias bélicas del mundo bombardeando con sus aviones de última generación las precarias bases del Talibán, un movimiento integrista musulmán que le brindaba refugio a Bin Laden y que alcanzó a mantenerse al mando de Afganistán hasta noviembre, arrinconado por las fuerzas de occidente.
Desde los comienzos de la humanidad, este territorio ha sido una región sometida a civilizaciones poderosas: el imperio persa, Alejandro Magno y a países más contemporáneos como Inglaterra y la desaparecida Unión Soviética. Hoy en día, la historia reciente de Afganistán podría narrarse como una larga sucesión de regímenes de dudosa legitimidad a partir del derrocamiento de su rey Mohammad Zahir Shah en 1973. En aquella época, Mohammad Daoud, el primo del rey, aprovechó un viaje del monarca a Italia, quien debía someterse a una operación a los ojos, para llevar a cabo un golpe de palacio e instaurar en en el territorio una república, con él mismo como su flamante presidente. Todo quedaba entre la familia, pero no por mucho tiempo. Apoyado en un primer momento por los sectores más progresistas del país, Daoud comenzó con los años a distanciarse de la influencia de la hoy desaparecida Unión Soviética y a apartar a la izquierda del gobierno, precipitando el golpe militar comunista de 1978, conocido como el Saur o la Revolución de Abril. Sin embargo, los nuevos gobernantes, reunidos en el Partido Democrático del Pueblo de Afganistán (PDPA), comenzaron a enfrentarse entre sí hasta que en octubre de 1979 el primer ministro Hafizullah Amin orquestó el derrocamiento del presidente Nur Mohammad Taraki, quedando al mando de la nación luego del asesinato de éste. Amin, internacionalmente conocido por su crueldad, fue responsabilizado por miles de muertes en su país, hasta el punto en que su presencia en el gobierno llegó a resultarle incómoda a los soviéticos. En diciembre de 1979 Moscú decidió invadir Afganistán e instalar un presidente de su agrado, Babrak Karmal, quien entonces ejercía como embajador en Checoslovaquia. Kar mal tomó un avión de inmediato para ocupar la vacante en Kabul. Afganistán, convertido en estado satélite soviético, empezó a ser escenario de luchas permanentes entre las tropas del ya mítico Ejército Rojo y los muyahidines, guerreros islámicos solapadamente financiados por Estados Unidos. Luego de casi una década de enfrentamientos, que le costaron la vida a cerca de un millón de afganos, y el éxodo de una inmensa porción de su población, la Unión Soviética retiró a sus hombres, dejando el gobierno al presidente Najibullah, quien cayó definitivamente en 1992, cuando ya no contaba con ningún tipo de apoyo. El inestable poder quedó entonces en manos de los muyahidines, quienes sin embargo comenzaron a luchar en distintas facciones. La destrucción que durante toda la década pasada asoló las provincias del país, se trasladaba ahora a Kabul. Con la intención de alejar a los muyahidines del poder, a fines de 1994 surge el famoso Talibán en Kandahar, núcleo de la minoría pashtó en Afganistán. La toma del control en esa área resultó relativamente fácil para sus combatientes, pero cuando extendieron la lucha a otros sectores del país, ésta se intensificó. Finalmente lograron apoderarse de Kabul en 1996, sorprendiendo en adelante al mundo con sus extrañas y radicales medidas fundamentalistas. Una de las decisiones del Talibán más recordadas, fue la de derribar las milenarias estatuas budistas que había en Afganistán y que fueron declaradas patrimonio de la humanidad por las Naciones Unidas. Difícil apaciguamiento Un nuevo capítulo en la historia de Afganistán se abre luego del atentado a las Torres Gemelas. El Talibán, tras un par de meses de infructuosa resistencia, fue derrotado y reducido por la llamada Alianza del Norte -grupo de combatientes contra el Talibán- y las tropas occidentales, a unos pocos guerrilleros aislados en las montañas del este del país. Y aunque Bin Laden aún es el hombre más buscado del mundo, la situación interna tiende a normalizarse con la asistencia de organismos dependientes de las Naciones Unidas (ONU) y algunas organizaciones no gubernamentales (ONG) Hoy por hoy, el gobierno interino presidido
por Hamid Karzai busca la forma de articular una transición "democrática",
o -más bien- presentable en el concierto mundial. En la provincia
de Jowzjan, al norte del país, se celebró en abril, la primera
de las 381 asambleas municipales encargadas de nombrar consejos destinados
a elegir delegados para la llamada Loya Yirga (Gran Asamblea), que tendrá
lugar en junio próximo. Ésta, en la sesión a inaugurar por el depuesto rey Mohammad Zahir Shah, la que seleccione en definitiva a los miembros de un gobierno de transición que funcionará hasta las elecciones generales pensadas para el año subsiguiente. En las asambleas municipales sólo participan "ancianos y notables", los que elegirán a 1.051 de los 1501miembros de la Loya Yirga. Los demás se integrarán con el presidente interino, ministros, y la importante presencia de 160 mujeres. Ésta puede parecer una cifra mínima e insignificante, pero es sin duda un avance para un país que hace menos de un año discriminaba por completo a la población femenina. En el último tiempo, 40.000 afganos
están regresando semanalmente de Pakistán, sumando un total
de 285.000 retornados desde que el en marzo se inició un programa
de repatriación voluntaria. De modo que el rey no es el único
que regresa. Es de esperar que esta vez los afganos -los que se quedaron
y los que vuelven-, asimilen los cambios que ya ocurrieron y los que se
avecinan para no quedar nuevamente a la deriva de la marcha mundial. Los
escollos políticos y los terremotos no debieran impedir la lucha
necesaria de hoy en Afganistán, que es sobre todo por la paz. |
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